Sin clientes no hay trata
En su último informe mundial sobre los principios y derechos fundamentales en el trabajo la Organización Internacional del Trabajo (OIT), denuncia que alrededor de 2,4 millones de personas son víctimas de organizaciones criminales que lucran con el tráfico y la explotación de seres humanos en todo el mundo, y que las ganancias que deja este aberrante delito ascienden a unos 32.000 millones de dólares por año.
Por otra parte, un nuevo documento de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) que aborda esta problemática explica que la forma más frecuente de trata de personas descubierta por las autoridades de los distintos países es la perpetrada con fines de explotación sexual. Frente a este preocupante escenario, se celebró recientemente en Roma la Jornada Mundial de Reflexión contra la Trata de Personas, instituida por el Papa Francisco con el fin de llamar la atención de la comunidad internacional sobre este grave flagelo. Al recibir a jóvenes que participaron de ese encuentro, el Sumo Pontífice condenó la hipocresía de los clientes que pagan por sexo y observó que “si hay tantas chicas que son víctimas del tráfico (de personas) que terminan en las calles de nuestras ciudades, es porque muchos hombres aquí jóvenes, de mediana edad, ancianos demandan estos servicios y están dispuestos a pagar por su placer”. “Por supuesto, arrestar a los traficantes es un deber de la justicia. Pero la verdadera solución es la conversión de los corazones, el acabar con la demanda para terminar el mercado”, agregó el jefe de la Iglesia Católica, tras remarcar que muchos de los hombres que van en busca del propio placer están contribuyendo a alimentar las redes de trata y a extender el sufrimiento de las víctimas de las organizaciones criminales que lucran con uno de los delitos más vergonzosos que existen, ya que priva de su dignidad a millones de personas en todo el mundo.
Expertos de la Organización de Naciones Unidas observan que las organizaciones delictivas engañan a mujeres, hombres y niños de todos los rincones del planeta y los someten diariamente a situaciones de explotación. En ese sentido, indican que si bien la forma más conocida de trata de personas es la explotación sexual, cientos de miles de víctimas también son objeto de trata con fines de trabajo forzoso, servidumbre doméstica, mendicidad infantil o extracción de órganos.
“¿Son los traficantes realmente la principal causa del tráfico?”, se preguntó el Papa en el reciente encuentro celebrado en Roma con la participación de jóvenes de distintas nacionalidades que asumieron el compromiso de luchar contra este flagelo. “Yo creo que la causa principal es el egoísmo sin escrúpulos de tantas personas hipócritas de nuestro mundo”, remarcó Francisco para luego advertir que el problema del tráfico de seres humanos se agudiza cuando “los países son víctimas de la pobreza extrema, la violencia y la corrupción, el deterioro de la economía, el marco legal y las infraestructuras básicas son ineficientes y no garantizan la seguridad, los activos y los derechos esenciales”. Subrayó, además, que el crimen organizado y el tráfico ilegal de drogas y de seres humanos eligen a las víctimas entre las personas “que hoy tienen escasos medios de subsistencia y aún menos esperanzas para el mañana”.
Para hacer frente a este grave problema, el Papa planteó la necesidad de utilizar una fórmula que garantiza los mejores resultados y que actúa como el mejor antídoto para estos males, según se puede comprobar en las naciones que son más armónicas: crear oportunidades para el desarrollo humano integral, comenzando con una educación de calidad desde la primera infancia, y generando oportunidades de crecimiento a través del empleo.
Si bien el compromiso de los funcionarios judiciales, de los miembros de las fuerzas de seguridad y demás autoridades es clave para combatir el aberrante delito de la trata de personas, que es una forma de esclavitud moderna, es necesario que la ciudadanía también se comprometa en la ayuda para erradicarlo, colaborando con todo lo que tenga a su alcance para que se visibilice el problema y, como plantean los expertos de la ONU que trabajan en la lucha contra las organizaciones criminales, asegurándose de que la penosa situación de las víctimas no pase inadvertida.












