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Transacciones con dinero electrónico

El último informe sobre uso de dinero electrónico en el país que elabora una de las empresas líderes en servicios informáticos para el sistema financiero revela que el empleo del mismo se incrementó un 18,2 por ciento interanual. Los datos muestran que hay una mayor aceptación de esta modalidad para el manejo del dinero por parte de los usuarios, pero todavía falta mucho por hacer para facilitar las transacciones en nuestra región.

Los datos surgen del trabajo realizado por la Red Link sobre el uso de dinero electrónico en la Argentina que revela, además, que las provincias con mayor nivel de uso son las de la zona pampeana y sur de la Patagonia, mientras que las de las del Noroeste y Noreste son las que tienen valores más bajos. En el actual contexto de pandemia, es importante que las personas que están bancarizadas se inclinen más por las transacciones electrónicas para evitar las aglomeraciones que se producen cuando hay pagos de salarios. Al parecer, por una cuestión de costumbre, muchos usuarios de nuestra región no aprovechan los beneficios de operar a través del home banking, o de utilizar aplicaciones móviles o billeteras digitales, para evitar el uso de efectivo.

En el caso de las billeteras móviles, en un sondeo realizado por la consultora D’Alessio IROL entre personas de todo el país que tienen al menos una cuenta bancaria, el 71 por ciento de los consultados dijo conocerlas pero, de estos últimos, solo el 35 por ciento ya las usó alguna vez y el 49 por ciento dijo no tener, por ahora, interés en hacerlo. Por otra parte, estos números pueden relacionarse con los datos que aporta el Banco Central que señalan que nueve de cada diez pagos que se hacen en la Argentina son en efectivo, lo que confirma que todavía falta mucho por hacer para consolidar la digitalización de las transacciones.

La irrupción de la pandemia hizo que en 2020 se ampliara en forma significativa el número de usuarios bancarizados en todo el país, en gran medida debido al requisito de contar con cajas de ahorro para acceder a planes de asistencia como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que sirvió de auxilio económico para los sectores más vulnerables en medio de la emergencia sanitaria y el programa para la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), a través del cual el Estado nacional abonó hasta un 50 por ciento del salario de trabajadores privados en el marco de la pandemia. Sin embargo, aunque muchos disponen de una tarjeta de débito y, por lo tanto, tienen a su alcance productos para pagar con dinero electrónico la mayoría mantiene la vieja costumbre de pagar en efectivo.

Pero hay otro dato que no se debe ignorar. Un alto porcentaje de la población del país está fuera de la economía formal. Según la consultora Ecolatina, cuando al año pasado se implementó el Ingreso Familiar de Emergencia, este fue solicitado por 11.382.417 personas de todo el país. Si se tiene en cuenta que uno de los requisitos para acceder a ese beneficio era no tener ingresos formales, se advierte entonces el alto nivel de informalidad que todavía persiste en el país.

Queda claro que la pandemia dejó en evidencia las desigualdades existentes en nuestro país en materia de acceso a la tecnología y también las dificultades de los sectores más postergados y vulnerables para estar incluidos en el sistema financiero. La emergencia sanitaria, además, confirmó la necesidad de adoptar medidas para que productos y servicios financieros de calidad estén al alcance de amplios sectores de la población. De lo que se trata, en definitiva, es de avanzar en la construcción de un ecosistema digital de pagos que sea más abierto y universal.

Las naciones con economías más estables y mayor desarrollo asignan una gran importancia a la inclusión financiera, por considerar que se trata de una valiosa herramienta que permite mejorar la calidad de vida de los sectores de la población que permanecen al margen de la economía formal. Un informe de la Organización de Naciones Unidas observa que la inclusión financiera no solo allana el camino hacia la economía formal a un mayor número de personas, sino que además abre las puertas a beneficios que van más allá de lo económico.

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