La relatividad de volver
Entre 2013 y 2021 más de un millón y medio de argentinos decidieron irse del país. El pico más alto se dio en 2015: más de 700 mil personas. Irse y volver (cada tanto y para siempre) es una decisión muy individual, que las cifras no pueden reflejar. Citando al padre de la física moderna, Albert Einstein, todo es relativo.
Según la Teoría de la Relatividad, el tiempo no puede estar separado de las tres dimensiones espaciales (largo, alto y profundidad) sino que al igual que ellas, este depende del estado de movimiento del observador. El tiempo, sería la cuarta dimensión.
-Escuchaba a un economista un tiempo atrás diciendo que en economía lo que estás definiendo es aquello que estás dispuesto a sacrificar (trade-offs). Qué opción te cuadra mejor. Porque la opción que te lo ofrece todo, no existe o es poco frecuente.

Lucas, vive en Australia hace siete años y medio, actualmente en Adelaida, ciudad capital del estado de Australia Meridional con cerca de un millón y medio de habitantes. Partió desde Buenos Aires en 2014 cuando aplicó a una visa para el país de Oceanía. Más allá de su elección en este trade-off siempre vuelve a Argentina, y también a Australia.
Algunos físicos que se suscriben a la teoría de cuerdas argumentan que hay más en la realidad que el universo observable. La teoría de cuerdas, también conocida como "teoría de supercuerdas", pretende unificar dos teorías principales que describen cómo funciona el universo: la relatividad general (que se aplica a objetos muy grandes) y la mecánica cuántica (que se aplica a los muy pequeños).
En un universo de cuatro dimensiones, esta teoría no sería posible, pero una vez que los científicos modificaron la matemática para incluir diez dimensiones -once incluyendo el tiempo – sus ecuaciones funcionaron (eso dicen).
Entonces, los del bando de cuerdas tenían que explicar dónde se estaban escondiendo esas nuevas dimensiones. Su respuesta: son tan reales como las "grandes" dimensiones que podemos ver, pero las dimensiones adicionales están enroscadas tan fuertemente que son demasiado pequeñas para que las notemos directamente*
La búsqueda de "la teoría del todo" no solo es una quimera de la ciencia para explicar cómo todo confluye y sí, es posible que no exista solo nuestro universo, sino este famoso multiverso. Quizás, este único universo en el cual vivimos tiene estas "cuerdas tan apretadas" que no podemos ver las pequeñas cosas: esas que hacen una gran diferencia.
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Muchas veces, imprimimos algo de romanticismo en las historias sobre quienes deciden migrar de una ciudad a otra, de un país a otro. Vemos solo tres dimensiones (a veces cuatro) pero existen muchas más. Cuerdas tan apretadas que no notamos, pero que se van tensando a medida que vamos haciendo una elección: irnos, volver.
Me tocó irme y volver. Corrijo, elegí irme y volver. A Lucas, mi amigo, le pasó lo mismo muchas veces en su vida. Al igual que a mí primero en familia, luego cuando tomamos la decisión propia de partir.
- Uno cuando decide migrar lo hace en pos de algo o alejándose de algo. En mi caso, fue una mezcla; por un lado quería vivir en un país ordenado y estable, y por otro -a pesar de que me gusta mucho Argentina- percibía que el país no iba en buen camino y quería removerme de ese contexto. Los años me dieron la razón, lamentablemente.
Lucas solía volver al país cada año y medio a visitar a familia y amigos. Pero, llegó la pandemia, entonces pasaron tres años para volver a poner los pies en Argentina. El corazón, la cabeza, una parte o muchas, siempre están acá: entonces, las pequeñas dimensiones aparecen para dar forma a las grandes.
-Termina siendo una decisión más racional que emocional. Es una decisión difícil porque no es tan clara. Una termina optando por la opción que quizá no te llene de vida, pero que te permite vivir más tranquilo.
Con Lucas compartimos más tiempo que espacio, desde los 16 años, y hace 16 que no nos vemos (si, queridos lectores, pueden jugar ese número en la quiniela). Incluso eso puede ser relativo, ya que nos separan 14 horas en la diferencia horaria. Cuando es lunes para mí es martes para él. Aprovecho estos huecos temporales para preguntarle, cómo es volver, después de estar un tiempo en Argentina, a nuestro país y al otro lado. Empieza por el final.
-El regresar no fue fácil. Particularmente, porque cada vez que voy (que viene), la paso muy bien. Y sé que acá no lo tengo. Se compensa con algunas amistades que tengo acá y pudiendo ir de tanto en tanto a Argentina y tener esa dosis que permite extender la estadía afuera, un poco más.
Según una nota publicada por el sitio Chequeado, en febrero de 2022, no existe información histórica en Argentina para obtener una cifra de cantidad de migrantes, pero "una aproximación inicial puede ser el saldo migratorio, es decir, la diferencia entre los ingresos y egresos de argentinos al país por los distintos pasos fronterizos habilitados. Entre 2013 y 2021, la mayoría de los años dan un saldo negativo, es decir que egresaron más argentinos de los que ingresaron o regresaron. El mayor pico, el año en el que se registraron mayor cantidad de salidas fue 2015; desde entonces se recuperó hasta 2018 y tuvo un nuevo aumento de los egresos en 2019, aunque en menor proporción. En 2015 el saldo negativo fue de más de 722 mil personas, mientras que en 2019 de más de 325 mil.
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-Migrar es mucho más que armar una valija e irse a otro país. Implica ver menos a la familia y a los amigos, hacerse de una nueva red de contención en el país al que una decide migrar, adaptarse a una cultura diferente, expresarse en un idioma diferente, etc. Es importante entender las implicaciones antes de hacerlo. Al menos, las que nos pueden resultar más desafiantes.
Mi experiencia con los australianos ha sido muy positiva. Son personas dispuestas a dar una mano y valorar a quienes llegan con ganas de prosperar en este país lleno de oportunidades.
Las dimensiones que no vemos cuando armamos la valija aparecen después. Entonces, nuestro trade-off es constante. Volver es el puente donde constantemente nos paramos.
-El poder pasar tiempo con familia y amigos en La Plata y en Buenos Aires, me permitió reflexionar mucho acerca de las diferencias entre los países y la forma en que sus sociedades perciben la realidad. Me quedó el concepto de que en Argentina "se vive" y de que en Australia "se cumple un ciclo". Siento que en Argentina, a pesar de todas las dificultades (inestabilidad económica, altos niveles de pobreza, inseguridad, etc.), la gente vive más en el presente. El compartir tiempo con otros está en el centro de la cultura argentina. En Australia en cambio, la vida pareciera ser abordada con un sentido más utilitario y económico; estudiar, casarse, comprar una casa, tener familia y jubilarse.
Esto va sin intención de hacer un juicio de valor.
Le hice esta pregunta muchas, muchas veces a lo largo de estos años. ¿Vos pensas en volver algún día?. El volver definitivo. Se lo vuelvo a preguntar.
-Sigo eligiendo vivir en Australia. Y quizá no tanto por los afectos, sino por cuestiones que tienen que ver menos con lo emocional y más con lo racional: el estándar de vida acá es mejor. No es una decisión fácil, ya que uno vive pensando en su país estando a la distancia, pero por ahora la balanza se sigue inclinando por seguir viviendo acá.
Pero, a pesar de la contundencia de su respuesta, todo es relativo, y las cuerdas se tensan, las otras pequeñas dimensiones aparecen.
-Es una vida incompleta. Quizá esa sea la definición de vida, aunque quiero creer que no. Que una vida con afectos y en un lugar más vivible, es posible.
Más allá de la decisión, yo sigo necesitando, de tanto en tanto, una dosis de argentinidad.
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