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CARTAS DE LECTORES

El David de Miguel Ángel y El Indio de Crisanto

Señor director de NORTE:

David es una magnífica obra realizada varios siglos atrás, en mármol de una sola pieza, y ejemplar producto final de un genio del Renacimiento.

Si algún bombardeo ocasional no lo destruyó todavía, no es un milagro, es "de pusuca", o porque quienes gobiernan el mundo (quizá) no se enteraron de su existencia o no se animan o no les interesa un comino (tienden a ningunear todo y a todos, incluyendo mujeres, niños, adolescentes, naturaleza y cultura).   

Hablar de un David a cielo abierto es un gran desafío. Pero para estar a tono con las tendencias ambientalistas actuales, sus fabricantes dicen que está hecho de un plástico náutico que es "biodegradable". Quizá no conozcan el concepto, pero quiere decir que se degrada con el tiempo y por ende, no es peligroso para la seguridad de los seres vivientes y su entorno (ambiente).

He aquí el conflicto comunicacional: o no se degrada (como el diamante, el oro, el bronce, el mármol bien cuidados y periódicamente tratados, etc.) o se degrada, y entonces "agarrate Catalina": dentro de unos años tendremos un David seriamente deteriorado. Y mucho peor si está en contacto con el ambiente natural (que siempre nos está pasado "facturas"). Quienes lidiamos con embarcaciones de "plástico reforzado" conocemos bien el tema y lo hemos investigado (y sufrido) "in situ". 

Quizá una cúpula transparente polarizada –o directamente un cerramiento completo–  ayude a preservarlo mejor y no estaría mal incluir esto en el proyecto, por si la inflación sigue avanzando sin frenos. Un buen contador o licenciado en Ciencias Económicas podría considerar el tema y aportar su criterio. Sobre la desnudez de "David" hay que decir algo fundamental: la obra de arte –para ser arte de verdad- se toma "licencias poéticas" y es bienvenido eso, porque favorece aquello del mayo francés (1968) de "la imaginación al poder". 

La escultura de Miguel Ángel es un adolescente atlético y "perfecto" en sus formas de ser humano de raza blanca y judío  (hay que aclararlo porque no fue ario, ni africano, ni qom o moqoi) pero que seguramente no se enfrentó a Goliat "en bolas", ya que éstas son una parte de la anatomía que siempre trató el hombre (y las diferentes cultura) de preservar –por instinto, sensibilidad y funciones designadas por la naturaleza, y porque en términos de guerrero (o en función de ello) es inadmisible exponer esa zona del cuerpo a movimientos bruscos o violentos que podrían perturbar la acción.

Siempre se imponía un chiripá, taparrabos o algo similar a lo que es hoy el también clásico calzoncillo "anatómico" o las minúsculas mallas que usan los nadadores para que no haya "bamboleos" anatómicos que perturben los movimientos en el agua. 

De manera parecida, las legendarias Amazonas –las feroces mujeres guerreras equivalentes a las Walkirias de la mitología aria y como evidente muestra del antifeminismo ancestral– renegaban de su cuerpo y desde pequeñas eran encorsetadas (y sin protesta) en uno de sus pechos, para evitar su desarrollo y lograr así libertad de movimiento (sin trabas o "bamboleos" azarosos)  para el manejo del arco y la flecha. Que salieran diestras o zurdas, después, ya no les importaba a la cultura.

Un periodista comentó unos meses atrás en uno de sus artículos que los genitales del David no son exagerados. Y pensé en seguida que estaba defendiendo la desnudez del mozalbete para diferenciarlo de los genitales del indio realizado por Crisanto Domínguez. 

Esa escultura (El Indio) que fuera encargada por la Municipalidad de Resistencia, se modeló cuando los librepensadores de la Peña de los Bagres –creativamente activos y combativos, muchos socialistas o anarquistas; masones o anticlericales pero no siempre ateos y por lo general honorables–denunciaban en los diarios locales (no había censura como hoy, quiero decir) o producían notas informativas de interés general. 

Estampa Chaqueña, con don Idelfonso Pérez a la cabeza, defendió la obra de Crisanto Domínguez y fue Gaspar Benavento –según Guido Miranda– quien ofició de "padre espiritual" y principal guía que tuvo Crisanto en Resistencia, y lo siguió siendo cuando ambos –por razones diversas– se radicaron en Buenos Aires. 

El Indio de Crisanto quedó con el estigma de tener los testículos "grandes", lo que aparentemente habría hecho que la Municipalidad lo "castrara" y después lo retirara de su emplazamiento original en la avenida de 9 de Julio, casi esquina Avenida Italia - Avenida San Martín, a poco más der una cuadra de la Municipalidad. 

Escribí un libro sobre esta obra y las vicisitudes de Crisanto y de la vida pueblerina de Resistencia, oscilando siempre entre el mercantilismo y el arte o la ciencia, de acuerdo a la opinión de Guido Miranda; y es así nomás, aún hoy. Donde el "pan y el circo" parecen ser la única garantía de gobernabilidad.

Estudié a fondo esa época (ya rica y variada en cambios culturales poco antes de que mi padre llegó al Chaco) hasta el punto de permitirme sacar conclusiones válidas en base a una investigación seria a lo largo de más de dos décadas. Quizá por eso, por la inmediatez del celular y la cibernética, la gente –incluyendo algunos escritores– no leen libros "muy largos". Los funcionarios tampoco.

El libro sobre Crisanto es mi orgullo personal, porque refleja hipótesis que fui imaginando y pasos que fui dando que confirmaron algunas y dejaron pendientes otras. La escultura permanece enterrada en algún lugar del Parque Dos de Febrero, y años atrás sugerí a algunos gobernantes que se la buscara, incluso dando coordenadas posibles. A medida que pasa el tiempo, este pedido va perdiendo valor sepultado por los rellenos y modificaciones que ha venido sufriendo todo ese sector, de acuerdo a los caprichos de pasados y actuales gobernantes.

Alguien ha lanzado la idea de reeditar mi libro. Siempre digo que las promesas hay que cumplirlas. Pero por la promesa en sí, no por los resultados de las urnas o por la buena o mala gestión política realizada.

 El libro da argumentos para realizar varias investigaciones paralelas; alimentar historias para representar teatralmente o con recursos audiovisuales y sobretodo, para analizar la idiosincrasia de políticos, pueblos y gobiernos actuales. Hay realizadores que ya lo están haciendo, incluso.

Para sintetizar: al indio de Crisanto, si de verdad lo castraron, no fue por las "bolas grandes", sino porque era inadmisible que un descendiente de indios y criollos se atreviera a modelar un indio mostrando las bolas, pocos años después de que en Napalpí se matara una multitud de aborígenes y se los castrara como escarmiento.

Que los medios de información tomen nota de esto (aunque no lo publiquen para no perder pautas publicitarias): la opinión de los ciudadanos sigue siendo importante, y por eso los candidatos actuales ahora, a último momento, entrevistan a algunos referentes culturales dedicados al Arte y la Ciencia. Y como quien no quiere la cosa, les ruegan ser votados.

JORGE CASTILLO MIRÓ

CENTRO CULTURAL ERCILIO CASTILLO

RESISTENCIA  

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