El valor de lo previsible
La escalada de tensión entre el Ejecutivo nacional y la provincia de Chubut, que amenaza con suspender los envíos de petróleo y gas a la Nación, vuelve a sacudir el tablero político y aleja la posibilidad de transitar un escenario con una base mínima de confianza y previsibilidad, dos factores que son claves para combatir la inflación y resolver los serios problemas que genera.
Son cada vez más los que advierten que será muy difícil avanzar en la lucha contra la inflación y contra la pobreza si persiste un clima de confrontaciones y desconfianza entre la dirigencia política. El discurso de alto voltaje que eligió el presidente Javier Milei para cuestionar y desacreditar a quienes ponen reparos a las audaces medidas que adopta en materia económica volvió a correr los límites de todo lo conocido en la arena política nacional desde el regreso de la democracia, en 1983, hasta el presente.
Incluso quienes trazan un paralelo entre las políticas que impulsa el actual mandatario y las que se ejecutaron durante la gestión de Carlos Saúl Menem reconocen que, a diferencia de Milei, el riojano tenía a su favor una larga trayectoria política y una casi innata predisposición al diálogo y la búsqueda de consensos a la hora de alcanzar sus objetivos políticos.
En 2022, el Banco Interamericano de Desarrollo publicó un documento titulado "El papel de la confianza en la elusiva búsqueda del crecimiento económico". En ese trabajo, los economistas Carlos Scartascini y Joanna Valle, plantean que la confianza es el eje de cualquier sistema económico eficiente, ya que "facilita las transacciones entre individuos, empresas y gobiernos; impulsa la inversión y la innovación; permite la formulación de políticas eficaces; y genera un mayor crecimiento".
En efecto, si se estudian con detenimiento las experiencias exitosas de países que lograron primero contener la inflación para luego derrotarla, se puede observar que en todos los casos los distintos participantes del proceso comprendieron la importancia de limar asperezas para llegar a acuerdos mínimos y respetar las reglas de juego. En ese sentido, se puede citar el caso de Israel y su experiencia para contener la suba generalizada de precios que golpeó con dureza los bolsillos de las familias en los años 80, cuando el país sufrió una hiperinflación de más del 400 % anual. Básicamente, el programa económico israelí tuvo tres partes: medidas para lograr una reducción del déficit fiscal; asistencia con préstamos del Tesoro de Estados Unidos y un acuerdo de precios y salarios.
También fue fundamental el acuerdo al que llegaron la oposición y el oficialismo para aplicar el programa antiinflacionario, y algo similar ocurrió entre empleadores y trabajadores. A partir de esa base, Israel logró reducir el déficit y poner en marcha un plan que permitió una baja de precios en poco tiempo. Hay que decir también que el programa incluyó un control de precios como una medida de corto plazo. Según Michael Bruno, el economista israelí que diseñó el plan de estabilización que ayudó a su país, las políticas para tranquilizar la economía tienen que ser de largo plazo y deben afianzarse cada día, con el consenso de todos los sectores de la sociedad. Por estas latitudes, en cambio, se eligió el camino de la confrontación casi permanente con la clase dirigente, lo que reduce al mínimo las posibilidades de una gobernabilidad sin conflictos serios en el horizonte.
Con la decisión de hablar de espaldas al Congreso en su acto de asunción y la elección de los adjetivos que utiliza para definir a quienes considera opositores o una potencial amenaza, el presidente Milei se encargó de dejar en claro que el diálogo y la negociación no serán herramientas de trabajo durante su mandato. Pero en un mundo con mucha incertidumbre, lo previsible adquiere un enorme valor.
Y la Argentina no parece avanzar, lamentablemente, en ese sentido. Es que la falta de previsibilidad dificulta la planificación y toma de decisiones tanto para las empresas como para los ciudadanos, y eso puede derivar, tarde o temprano, en un menor crecimiento económico.
"La coexistencia fraterna necesita del diálogo paciente. No es una tarea fácil: requiere compromiso por parte de todos para superar rivalidades y contraposiciones", dijo el Papa Francisco en su visita a Irak en 2021.
Aunque la frase debe interpretarse en el contexto de esa histórica gira apostólica, hoy también sirve para reflexionar sobre el valor de lo previsible y la necesidad de abandonar la pirotecnia verbal que parece ganar terreno en el discurso político.








