Marechiare cierra su planta en Mar del Plata y se pasa a la importación
Federico Angeleri, director del grupo Marechiare, anunció el cierre de su planta industrial para reconvertirla en una firma importadora. "No nos dejan otra opción", dijo con contundencia, al describir la crítica situación que atraviesa el sector de conservas y pesca en la Argentina.

La decisión de Marechiare no es un hecho aislado, sino un síntoma de una crisis estructural que golpea con fuerza al entramado industrial local. De las 35 plantas conserveras que llegaron a operar en Mar del Plata, hoy apenas subsisten cinco. El combo de caída del consumo, aumento de costos y avance de productos importados está dejando a muchas empresas sin margen para seguir produciendo.
"Vemos que no hay acompañamiento del Estado. Probablemente pasemos a un modelo basado en importaciones", sostuvo Angeleri. Desde diciembre de 2023, los precios de venta de productos como la caballa están prácticamente congelados, con aumentos de menos del 10%, mientras que las ventas se desplomaron más de un 60%. "Esto le pasa a toda la industria, no solo a nosotros", advirtió.
El desbalance entre costos y precios es insostenible. Producir una lata de caballa de 180 gramos supera los $1.800 más IVA, pero se vende a $1.400, generando pérdidas desde el inicio. En comparación, una lata de atún importado cuesta alrededor de u$s 0,90 en origen, mientras que en Argentina el costo supera los u$s 1,60 sin impuestos y llega a las góndolas a más de $1.600.
Frente a esta situación, muchas firmas comenzaron a importar materia prima. Pero Angeleri aclara que incluso en ese esquema, la estructura de costos local sigue siendo un obstáculo: "El aceite se paga a precio internacional, pero después se suman costos logísticos y laborales que son exclusivamente argentinos. La mano de obra es lo que más encarece".
Desde el sector pesquero también cuestionan los convenios laborales vigentes, algunos sin cambios desde 1977. A pesar de los intentos por actualizarlos, las negociaciones no prosperan. "La industria está atada a acuerdos obsoletos. No hay margen. Cada semana hay nuevas paralizaciones", lamentó el empresario.
En los años 70, Mar del Plata era un polo conservero. Las plantas procesaban caballa y anchoíta para el mercado interno y externo. Hoy, muchas de esas empresas se reconvirtieron y trabajan con merluza o langostino fresco. "Estamos subsistiendo con el poco stock que queda", resumió Angeleri.
La caballa, principal producto de Marechiare, todavía se pesca en aguas cercanas a Mar del Plata y se procesa en tierra. Pero otros productos, como el atún, se importan listos para la góndola, mayormente desde Ecuador. "Hace décadas que no se pesca atún en Argentina. Antes traíamos el pescado congelado y lo procesábamos acá. Hoy eso ya no ocurre: todo se hace en origen, y nosotros solo lo enlatamos", explicó.
Actualmente, muchas grandes marcas producen directamente en el exterior. Ecuador y Tailandia son los grandes jugadores del mercado mundial del atún. Con beneficios fiscales para los productos importados —como la eliminación del IVA— y una carga impositiva elevada para los productores locales, la ecuación se vuelve inviable. "Los costos nos empujaron a esta decisión. Ya no podemos competir", concluyó Angeleri.
Marechiare, entonces, se suma a la lista de empresas que dejan de producir para importar. Un giro forzado que expone la fragilidad de la industria nacional y la urgencia de políticas públicas que apuesten a sostener la producción local.
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