Luis Sada y el tango
Su sabiduría sobre la historia tanguera y su forma tan sencilla de explicarla quedará para siempre en nuestros recuerdos.

Luis Sada había nacido en Huinca Renanco, un pueblo ubicado en el extremo sur de Córdoba, lindando con la provincia de San Luis, el 22 de octubre de 1942; de niño su familia se trasladó a San Luis y luego al Chaco, precisamente a Machagai, para por último recalar en Resistencia, en su casa de Colón y Obligado, allí muy cerca de la vieja Escuela de Comercio donde termino el secundario e ingreso a la Facultad de Abogacía en la ciudad de Corrientes.
Desde muy joven se destacó en el fútbol y laboralmente ingresó una vez recibido de Perito Mercantil a trabajar en el Banco del Chaco, donde realizó una carrera notable llegando a ocupar las gerencias de La Leonesa y la sucursal 9 de Julio de Resistencia.
Se había casado con Aida Maglione y con ella formó su hogar, con quien tuvo tres hijos. También de joven adquirió su otra pasión, el tango, tuvo dos maestros de los mejores: Fernando Cassiet y Aldo Verón, llegándolo a ejecutar al fueye de una manera muy especial y sentida.
El tango lo marcó para siempre, le dio su estirpe y su bonhomía. Se presentaba de impecable traje y corbata, como los tangueros de antes, y un whisky con un faso eran su postal. Conocía casi todas las historias del tango y sus canciones y las contaba de una forma muy particular, didáctica y natural, con una seriedad y formalidad seductora.
Perteneció al Elenco Inestable de los médicos y con su incondicional amigo Luis Ángel Maffei conformó un programa de televisión Donde tallan los recuerdos de excelente nivel, producido por Florencia Chiapello y César Flores.
Pero su lugar en el mundo era el Fogón de los Arrieros y los jueves de tango, donde conducía las veladas de una forma magistral, acompañado por el duodeno de los doctores Daniel Mosca Moscatelli en la guitarra y Federico Ico Muñoz Fernández, como el elenco estable; que en otras ocasiones se agrandaba con los bandoneones de Aldo Verón o Fernando Cassiet y el bajo del Oveja Giménez.
Como recuerdo me quedó que en su última velada tanguera presentó un tango de mi autoría, titulado El resistenciano y un diálogo muy corto que tuvimos en el patio del Fogón, donde se encontraba con su compañera de tango y la vida, Norita Palmer. Había salido a fumar un pucho y yo –enemigo público del cigarrillo– le digo, sabiendo de su afección física "¡Luis déjate de joder con el pucho!" Y me contestó en forma de despedida."Roli, me estoy yendo", a lo que solamente atiné a decirle: "¡Métele nomás entonces!" Y me fui con el sabor amargo del amigo que se iba de gira.
Su sabiduría sobre la historia tanguera y su forma tan sencilla de explicarla quedará para siempre en nuestros recuerdos.
El tango de resistencia te extraña, Luis.
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