Al gran capitán Carlucho Lutringer
Te conocí cuando yo era un niño. Que me saludaras era como tocar el cielo con las manos.... eras mi ídolo máximo del básquet.
El mago. Jugabas de galera y bastón, tus pases mágicos engañando con la vista, o una faja en el momento oportuno (que le hicieron comer la pelota a más de un compañero desprevenido).
En tus pies el rectángulo parecía una pista de baile y en tus manos los aros como sortijas de carrusel. Tus dedos deformes por tanto pique y rebote, acariciaban la pelota como a la más bella dama.

En tus piernas chuecas siempre lucías dos rodilleras características que escondían un sufrimiento por el dolor que padecían tus articulaciones, que troncaron prematuramente tu carrera. Tu voz aflautada como un grito de coraje era un aliento al compañero. El Nº 4 en tu pecho se agigantaba ante la mirada fascinada de tus seguidores, con la camiseta a cuadros azul, blanca y roja, de tu glorioso Villa San Martín. Parecías un arlequín en su mejor escenario, si hasta los famosos Globers Trotters se quedaron obnubilados con tu juego.
El club de barrio de tu mano y acompañado de grandes jugadores como Peny, Walter, Potolo, Buqui, en ese quinteto inolvidable, tocó la cima ganando el Campeonato Argentino de Clubes. Tu otro gran amor fue la camiseta de Chaco. Los momentos más gloriosos de la selección Chaqueña a nivel Nacional fueron con tu presencia y siempre acompañado del histórico rival, amigo y compañero Mito Outeriño (el otro grande del básquet chaqueño). Parecían dos criaturas jugando, verlos en la cancha, pero con toda la seriedad que la ocasión imponía en el momento.
Contar con vos en las filas era como ir con el as de espada. Hasta que llegó la gloria, la capitanía de la selección Nacional. Un hijo dilecto del Chaco representándonos en el Sudamericano de Río de Janeiro, el mítico Maracanazinho se deslumbró con tu juego, el ritmo del samba parecía asociado a tus movimientos.
El pan de azúcar, las playas de Copacabana e Ipanema, la música de Vinicius y Tom Jobim y las plegarias ante el imponente Cristo redentor dieron inspiración a tu mejor momento básquetbolístico.
Ya e en las postrimerías de tu carrera tuve el gusto de compartir contigo la cancha en partidos informales. Era un placer y un lujo estar a tu lado. El jugador le dio paso al técnico y también recibiste la gloria de manos del club Cosecha.
Una de las más cálidas noches de enero recibimos lo que no queríamos escuchar nunca: la noticia de tu partida.
El llanto y la congoja se apropiaron de nosotros, tus amigos. La despedida póstuma fue en tu casa, en el Villa; no cumplías 50 todavía, muy joven para tanta vida. Pero mi mayor recuerdo, el que guardo como un tesoro en el corazón, era ser tu amigo, ese entrañable amigo de todos los momentos, el que estaba siempre atento a los requerimientos del prójimo, el compinche de bar.
Y nuestro comentario, con sarcasmo, cuando decíamos: "Si yo estuviera en Francia, seriamos Lutrinyé y vos Beverayí".
Nuestro saludo cotidiano eran un abrazo y fuertes palmadas; ¡sabés cómo extraño esos abrazos, Carlucho!
Temas en esta nota

Aquellas tiendas tradicionales de Resistencia
Memorias de Resistencia

El emplazamiento de Resistencia
Memorias de Resistencia

Hace 97 años se realizaba la primera carrera automovilística del Chaco
Memorias de Resistencia

Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Resistencia
Memorias de Resistencia

Juan Ramón Lestani, a puro Chaco
Memorias de Resistencia

Chalet Miranda Gallino
Memorias de Resistencia

Aniversario de la Biblioteca Municipal Hipólito Yrigoyen
Memorias de Resistencia










