La imprudencia sigue cobrando víctimas
Respetar las reglas de tránsito es una responsabilidad compartida que beneficia a toda la comunidad. Cada persona que circula por la vía pública, ya sea como conductor, motociclista, ciclista o peatón, tiene el deber de actuar con prudencia y cumplir las normas establecidas para prevenir accidentes.
Lejos de ser simples disposiciones administrativas, las reglas de tránsito representan un conjunto de medidas destinadas a proteger la vida y reducir los riesgos en calles y rutas. Por esa razón, el compromiso de cada ciudadano resulta indispensable para construir un entorno vial más seguro.
En este sentido, los siniestros viales continúan siendo una de las principales causas de lesiones que requieren atención de los servicios de emergencia. En el Gran Resistencia, por citar un ejemplo, el sistema de emergencias médicas responde mensualmente a entre 400 y 500 intervenciones relacionadas con accidentes de tránsito, una cifra que se ha mantenido estable durante 2026. Aunque el número de casos no haya aumentado, la magnitud de estas intervenciones demuestra que la problemática sigue teniendo un fuerte impacto tanto en el sistema sanitario como en la vida cotidiana de la población.
Sin embargo, el aspecto que genera mayor preocupación es la conducta vial de los que circulan en motos. La mayoría de los siniestros atendidos involucra a este tipo de vehículos, ya sea en colisiones entre motos, con automóviles, con peatones o incluso con animales. Esta realidad pone de manifiesto la necesidad de reforzar la prevención y promover una conducción mucho más responsable entre motociclistas.
Por otro lado, el personal sanitario observa diariamente situaciones que incrementan considerablemente el riesgo de sufrir lesiones graves. Es habitual encontrar motocicletas circulando con más de dos ocupantes, incluso con niños, personas que no utilizan casco protector o vehículos que transitan sin espejos retrovisores o sin luces reglamentarias. Cada una de estas conductas representa una infracción y, al mismo tiempo, aumenta las probabilidades de que un siniestro vial tenga consecuencias mucho más severas. Por lo tanto, respetar las normas básicas en el tránsito evita sanciones, pero también puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Por otra parte, es importante comprender que un siniestro vial rara vez ocurre por casualidad. Generalmente, responde a la combinación de distintos factores relacionados con el vehículo, las condiciones del camino y el comportamiento humano. Aunque el estado de la infraestructura y el mantenimiento de los vehículos son aspectos relevantes, las decisiones de quienes conducen suelen desempeñar un papel determinante. El exceso de velocidad, las distracciones, el incumplimiento de las señales de tránsito o la falta de elementos de seguridad son acciones que multiplican el riesgo de provocar un accidente. .
Además, cuando ocurre un siniestro, el tiempo de respuesta de los equipos de emergencia resulta fundamental para asistir a las personas lesionadas. Para ello, el servicio de emergencias dispone de ambulancias de alta complejidad distribuidas estratégicamente en el área metropolitana. No obstante, la rapidez de la asistencia también depende de la colaboración de los conductores, quienes deben facilitar el paso de los vehículos de emergencia y respetar las indicaciones del personal que trabaja en el lugar. Esta cooperación, hay que recordar, permite brindar en todos los casos una atención más eficiente y mejorar las posibilidades de recuperación de los pacientes.
Del mismo modo, la educación vial ocupa un lugar esencial en la prevención. Conocer las normas es importante, pero incorporarlas como un hábito cotidiano resulta aún más valioso. El uso permanente del casco, el respeto por los límites de velocidad, el mantenimiento adecuado de los vehículos y la conducción responsable son acciones sencillas que pueden evitar tragedias. De igual manera, fomentar estos valores desde edades tempranas contribuye a formar ciudadanos más conscientes y comprometidos con la seguridad de todos.
Porque respetar las reglas de tránsito significa, ni más ni menos, que proteger la propia vida y la de los demás. Cada decisión adoptada al conducir tiene consecuencias que pueden afectar a familias enteras y generar un importante impacto social y sanitario. En el caso del Gran Resistencia, el principal factor de preocupación es la conducta vial de los conductores de motos, ya que la mayor parte de los siniestros, como se dijo, involucra este tipo de vehículos. Por ello, fortalecer la responsabilidad individual, promover la educación vial y cumplir las normas de circulación son herramientas indispensables para reducir los accidentes y construir una convivencia más segura en la vía pública.
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