Una crecida que revive los fantasmas de 1959
Crece también la incertidumbre. Impulsada por lluvias torrenciales en el sur de Brasil y potenciada por la paulatina intensificación del fenómeno de El Niño, la actual crecida del río Uruguay ya activó protocolos de emergencia en ambos lados del río.

Expertos advierten que el escenario actual guarda similitudes con los grandes desastres hídricos que marcaron la historia de la región —aunque con un factor climático que lo diferencia de aquel cataclismo de 1959 que los mayores aún recuerdan con escalofríos.
"Según los reportes de información de los últimos días, la actual creciente del río Uruguay se debe a las abundantes lluvias registradas en la cuenca alta —es decir el sur de Brasil— y las que se producen en el noreste argentino", señala el titular de la consultora uruguaya ConsultoraJRM, Jorge R. McKenna II. Pero la clave, agrega, está en el contexto: "A diferencia de 1959, este escenario está influenciado por la paulatina intensificación del fenómeno de El Niño, cuyas condiciones potencian las precipitaciones en toda la región del Litoral".
1959: un mes de lluvias sin tregua
Aquel desastre de abril de 1959 no fue hijo de El Niño. Fue un evento extremo de lluvias torrenciales continuas e inusuales que comenzaron el 24 de marzo y no cesaron hasta el 23 de abril. El río alcanzó en su pico una marca histórica insuperable: 17,96 metros. La inundación cubrió más de 20.000 kilómetros cuadrados de tierras productivas, provocó la evacuación de 30.000 personas en Concordia y obligó al éxodo masivo de poblaciones enteras en Uruguay. La represa de Rincón del Bonete, inaugurada en 1945, estuvo al borde del colapso estructural, lo que llevó al gobierno uruguayo a decretar el desalojo de urgencia de toda la población.
El factor El Niño: 1983, 2009 y ahora 2026
La historia de las grandes crecidas del río Uruguay muestra un patrón que hoy preocupa a las autoridades. La segunda gran inundación, entre fines de 1982 y 1983, sí estuvo impulsada por El Niño. Fue además la primera gran prueba para la Represa Hidroeléctrica de Salto Grande, terminada en 1979. El río alcanzó entonces los 15,54 metros.
En 2009, con El Niño ya consolidado —clasificado a nivel global como "de intensidad moderada a fuerte"—, el agua escaló hasta los 15,30 metros en el puerto de Concordia, apenas un 1,54% por debajo del pico de 1983. Solo en Concordia se asistió a más de 10.000 personas evacuadas, mientras que en Uruguay los departamentos de Artigas, Salto y Paysandú registraron miles de desplazados.
"La rareza está en que la creciente más fuerte ocurrió en 1959 y El Niño había finalizado un año antes", subraya McKenna. "Las demás crecidas del río Uruguay —1983, 2009, 2015, 2024 y la actual de 2026— todas se dieron dentro del llamado fenómeno de El Niño".
Compuertas abiertas y ríos que suben
Hoy, la masa de agua que bajó desde Brasil —con precipitaciones que en algunos sectores superaron los 200 milímetros — obligó a las represas brasileñas, como Foz do Chapecó, a abrir sus compuertas de urgencia. El gran caudal liberado generó una onda de crecida que avanza hacia el sur, elevando progresivamente los niveles hidrométricos.
La Comisión Técnica Mixta de Salto Grande implementó la estrategia habitual de regular el caudal para amortiguar el impacto en la represa que une Salto (Uruguay) con Concordia (Entre Ríos). En El Soberbio, el caudal pasó de 4.700 a 17.100 metros cúbicos por segundo en menos de 24 horas. En San Javier, Garruchos y Santo Tomé los volúmenes se duplicaron o triplicaron en menos de 48 horas.
Según la proyección del Cecoed de Paysandú, el río podría alcanzar los 6 metros frente a las costas del departamento entre el 31 de julio y el 2 de agosto, superando la cota de seguridad de 5,80 metros y activando los primeros protocolos de evacuación. En el puerto de Salto, la CTM prevé cotas que oscilarán entre 6,30 y 7,70 metros.
¿Un "Súper Niño" en el horizonte?
El fenómeno climático ya está instalado en el océano Pacífico y las proyecciones encienden todas las alarmas. Los principales centros de climatología proyectan una alta probabilidad de que alcance una intensidad fuerte o muy fuerte hacia fines de 2026. Según actualizaciones de junio, existe alrededor de un 60% de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad "muy fuerte". Incluso el Climate Prediction Center de la NOAA estima un 81% de probabilidad de un El Niño muy fuerte para el período de octubre a diciembre.
"De ahí urge tomar recaudos e informar a la población", insiste McKenna, que no oculta sus sospechas sobre vulnerabilidades adicionales: "Debo dejar de lado las sospechas de que una nueva inundación perjudicaría más a algunas zonas de Entre Ríos debido a que se sospecha de ventas de terrenos por bajo de la cota autorizada. Hay sospechas de que ‘habrían retocado los medios físicos de medición’".
Más allá de las denuncias, la realidad es que ambas márgenes del río Uruguay sufren de manera similar el impacto de las crecientes. Sin embargo, McKenna apunta un dato objetivo: "Históricamente Uruguay sufre una mayor afectación socioeconómica y habitacional en comparación con Entre Ríos. Las ciudades uruguayas ribereñas —Bella Unión, Salto y Paysandú— tienen sectores urbanos densamente poblados asentados en cotas o terrenos más bajos y vulnerables en comparación con la orilla argentina".
En Salto, el río ya se ubica en torno a los 9,80 metros y mantiene una tendencia ascendente. Para los pescadores artesanales, cada metro que gana el río implica menos posibilidades de salir a trabajar.
"Tenemos que buscar la manera de pescar igual para sobrevivir. Habrá que tirar alguna red adentro del monte o en la orilla; hay que buscarle la vuelta y esperar que no se complique más con la crecida. Los pronósticos no son muy buenos", dijo a *la diaria* el pescador Roberto Romero.
Su testimonio resume una realidad que se repite cada vez que el río Uruguay desborda su cauce habitual. Con el incremento del caudal, la corriente se vuelve más intensa, los peces modifican sus recorridos y muchos sitios tradicionales de pesca quedan bajo agua o inaccesibles. A eso se suma el riesgo de perder redes entre árboles y ramas arrastradas por la corriente.
El problema no termina cuando regresan a tierra. Si hay menos capturas, también disminuye la oferta de pescado en ferias y pescaderías, mientras los gastos de combustible, mantenimiento de embarcaciones y reparación de equipos continúan acumulándose. Según el muestreo de otoño de 2026 realizado por Dinara y CARU, se registraron 1.245 ejemplares capturados en diez localidades del río Uruguay, con la boga (49,7%) y el sábalo (39,1%) como especies base de la pesca comercial artesanal.
Mientras las proyecciones meteorológicas anuncian nuevas lluvias en la cuenca y el nivel del río continúa en ascenso, los pescadores vuelven a mirar el río con preocupación. Algunos prueban suerte en montes inundados o en pequeños remansos cercanos a la orilla, donde todavía es posible tender una red.












