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Memorias de Resistencia

Dos fiambrerías que hicieron historia en Resistencia

Resistencia en los años 50, 60, 70 y 80 tenía dos fiambrerías que hacían el deleite de cualquier buen gourmet o para los buscadores de exquisiteces. Una era La Real por Güemes 223, de Sergio Dzienisik y Almacén Frade de Angirama.

fiambreria

Sergio Dzienisik ¡era un señor con todas las letras!, que hacía de la amabilidad su mejor argumento de ventas, con la sonrisa a flor de piel y su don de gente en primer lugar.

La Real era ese lugar mágico donde encontrabas todo lo que querías y más. Para Navidad y Año Nuevo: las canastas mejor surtidas. Los mejores pan dulces y delicias de los productos Balcarce, turrones españoles y nacionales, confites de todos los gustos y una gran variedad de los mejores vinos y champanes. Para Semana Santa no faltaba el mejor bacalao noruego y el surtido de legumbres, los huevos de Pascuas más fastuosos y exquisitos. Los pescados eran frescos y traídos diariamente en avión desde Mar del Plata. Cuando niño mi paso obligado, cuando salía al centro con mi madre, era tomar un helado Candy y por las noches mi viejo me llevaba a comprar los Pollos y lechones al espiedo que armaban la vereda.

El otro el Almacén Frade estaba por la misma calle pero con nombre cambiado Rawson al 270 (hoy Frondizi), su gerente primero y luego dueño era don Angirama, al que alguna vez lo veíamos en su otra pasión el Boxeo, ya que era arbitro profesional o en las fiestas patrias desfilando orgullosamente con su traje militar con la Reserva de la Patria. El almacén se divisaba de lejos por su llamativos colores franjeados de azul y amarillo, recordando a su querido Rosario Central, su ciudad de origen, hasta la vereda estaba pintada con esos colores, entrar en el almacén, era como entrar en el tiempo, sus mostradores altos y sus interminables estanterías de madera, la mayoría de los productos se vendían sueltos.

Los quesos y fiambres eran de la mayor variedad y gustos los había en cantidades, como los jamones colgados del techo, Los encurtidos eran una delicia para la vista en frascos muy grandes o bordeleses. Recuerdo que por aquel entonces la carne que se compraba normalmente, era local y de no muy buena calidad para el asado, don Angirama se jactaba de traer carne de Santa Fe y cortaba los cortes con sierra como se hacía antiguamente. El olor a especies perfumaba el ambiente, seduciendo al comprador.

En mis inicios como viajante allá por el año 75 tuve la felicidad de visitarlos como clientes a estos dos personajes emblemáticos de la ciudad y siendo muy joven me atendían con el respeto y la cordialidad, que eran sus costumbres y forma de vida.

Un abrazo al cielo para ellos dos, que supieron darnos el sabor de la vida.

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