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La prevención sigue siendo clave

Aunque la provincia mantiene bajo control los indicadores epidemiológicos y actualmente no registra casos positivos activos de dengue, sería un error interpretar este escenario como una señal para relajar las medidas preventivas. Por el contrario, las condiciones climáticas previstas para los próximos meses obligan a redoblar los esfuerzos. El aumento de las temperaturas, la humedad y la consolidación del fenómeno El Niño configuran un escenario especialmente favorable para la proliferación del mosquito Aedes aegypti. Por eso, la prevención vuelve a convertirse en la herramienta más importante para evitar que una situación controlada derive en un aumento de casos.

Los especialistas coinciden en que el cambio climático está modificando el comportamiento de los mosquitos transmisores del dengue. Los inviernos ya no representan una barrera natural tan efectiva como en el pasado y, de hecho, investigaciones realizadas en Argentina detectaron actividad del Aedes aegypti durante todas las etapas de su ciclo de vida en pleno invierno. Esta realidad obliga a abandonar la idea de que el riesgo desaparece con la llegada del frío. Hoy, la vigilancia y las acciones preventivas deben sostenerse durante todo el año, porque las condiciones ambientales permiten que el vector sobreviva y se reproduzca durante períodos cada vez más prolongados.

A este escenario se suma la influencia de El Niño, que atraviesa su fase cálida y continuará presente durante el resto de 2026, con posibilidades de intensificarse a comienzos de 2027. Los pronósticos anticipan una mayor probabilidad de lluvias por encima de los valores habituales entre la primavera y el inicio del verano, además de la posibilidad de tormentas intensas y anegamientos. Cada precipitación representa una oportunidad para la formación de nuevos criaderos, ya que el mosquito encuentra en el agua estancada el ambiente ideal para completar su desarrollo. Incluso los huevos pueden permanecer latentes durante varios meses y eclosionar rápidamente cuando vuelven las lluvias, lo que incrementa el riesgo de una reproducción masiva.

Frente a esta realidad, la eliminación de recipientes que acumulen agua continúa siendo la medida más efectiva para cortar el ciclo de reproducción del mosquito. Revisar patios, jardines, terrazas y balcones, desechar objetos en desuso, vaciar recipientes y mantener correctamente tapados los tanques de agua son acciones sencillas, pero de enorme impacto sanitario. Del mismo modo, la limpieza periódica de canaletas, desagües y rejillas evita que se formen pequeños reservorios donde el vector pueda multiplicarse sin ser advertido.

Sin embargo, la prevención no se limita al cuidado del ambiente. También es indispensable reducir el contacto entre las personas y el mosquito mediante el uso de repelente, ropa que cubra la mayor parte del cuerpo y telas mosquiteras en puertas y ventanas. Estas medidas disminuyen las posibilidades de picaduras y constituyen un complemento necesario de las tareas de saneamiento. En rigor, ninguna acción, por sí sola, puede resultar suficiente. La experiencia de los últimos años demuestra que la estrategia más eficaz es la combinación de medidas ambientales, protección personal y, por supuesto, una permanente vigilancia sanitaria.

En ese sentido, también merece destacarse el trabajo que se lleva adelante mediante la campaña gratuita de vacunación para personas de entre 15 y 59 años, así como los operativos de descacharrado que recorren los barrios para eliminar potenciales criaderos. No obstante, ninguna política pública puede alcanzar sus objetivos sin el compromiso cotidiano de la ciudadanía. La prevención del dengue exige una responsabilidad compartida, donde cada vecino cumple un papel decisivo para reducir los riesgos dentro de su propio lugar de residencia.

Debido a que la transmisión de la enfermedad se produce cuando el mosquito se alimenta con sangre de una persona enferma y luego pica a otras personas, la clave está en evitar las picaduras, por eso lo más importante será reducir el número de mosquitos, y esto se logra evitando la formación de criaderos.

Esperar a que aparezcan los primeros casos para actuar implica llegar tarde. Por esa razón, mantener los indicadores epidemiológicos bajo control no debe interpretarse como un motivo para bajar la guardia, sino como una oportunidad para fortalecer las acciones preventivas antes de que las condiciones climáticas favorezcan la circulación del virus. La lucha contra el dengue comienza mucho antes de la temporada de mayor transmisión y depende, en gran medida, de decisiones cotidianas que están al alcance de todos. La prevención sigue siendo la defensa más efectiva frente a una enfermedad que continúa representando uno de los principales desafíos sanitarios de la región.

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