Ringo Bonavena y aquella remera malvinera
En diciembre de 1974, cuando todavía faltaban siete años y medio para la guerra de Malvinas, el ídolo argentino mostró la consigna pero en un mal inglés.
El boxeador e Ringo Bonavena fue un adelantado en la promoción y un mediático antes de tiempo. O fue el mejor peso pesado del boxeo argentino, un deportista excepcional, y compitiendo en virtudes con Ángel Firpo y Gregorio Peralta.

También dividió a un país, que quería verlo en la lona y cerrara su bocaza, debido a las violentas actitudes o sus declaraciones incendiarias. Pero pocos mencionan que Ringo fue de los primeros en 1974 en reinstalar la cuestión Malvinas en el imaginario de la población. Y todo por una camiseta.
Cuando en diciembre de 1974 Ringo Bonavena arribó a la ciudad de México, con el fin de asistir a la pelea del cubano José "Mantequilla" Nápoles y el argentino Horacio "Pantera" Saldaño, pocos argentinos, y menos en el mundo, sabían ni siquiera de la existencia de las nuestras "Hermanitas Perdidas".
Por décadas la Argentina venía batallando casi silenciosa en los foros internacionales contra Gran Bretaña, obtenido algunas declaraciones en Naciones Unidas a favor durante el gobierno del presidente Illia y casi nada hasta que los titulares internacionales reflejaron que un secuestrado Douglas DC-4, de Aerolíneas Argentinas, aterrizó en las Islas Malvinas el 28 de septiembre de 1966.
La intención era acceder a la planta de transmisión y emitir una proclama de soberanía nacional. E izar la bandera, que finalmente volvió flamear luego de 133 años.
El Operativo Cóndor, financiado por la militancia peronista y el empresario periodístico Héctor Ricardo García, fue previsiblemente frustrado pero el impacto resultó enorme y, entre otras cosas, contribuyó a deteriorar la dictadura a pocos meses del golpe del Onganía. Años después, García activaría la segunda etapa del Operativo con Ringo.
Ringo, el que noqueó a Alí
Bonavena era parte de la comitiva que iría alentar a Saldaño -quien finalmente perdió-, entre otros, junto a García, Tito Lectoure y Carlos Monzón -que había dado una brutal paliza al cubano en febrero de ese año-. No eran los mejores tiempos para Ringo, el pibe de familia numerosa que salido de Unidos de Pompeya había dado una de los peleas más difíciles a Cassius Clay en el Madison Square Garden de New York en 1970. Dicho por el mismo Muhammad Ali.
Su fama decrecía a medida que sumaba escándalos propios, como la mandíbula que rompe en un confuso hecho en Mar del Plata, en el Hotel Hermitage, o ajenos, como las detenciones de hermanos por grescas y dólares falsos o los intentos de suicidio de la madre de sus hijos.
Tampoco la carrera sumaba puntos con peleas intrascendentes y humillantes, una en Denver por citar, con un convicto que salía a boxear. Por eso esta vuelta a las tapas, que tanto gustaban a Bonavena, debe haber sido un shot para el boxeador, a pesar de sentarse junto a Monzón, a quien no le tenía mucha simpatía. Pero faltaba, claro, el golpe publicitario del MC Ringo.
Operativo Ringo: "Las Malvinas son de Argentina"
En alguna juntada en la casa de García, vecino de Bonavena en Palermo, hablando entre proyectos como el western que supuestamente financiaría el empresario, salió seguro la anécdota del viaje a Malvinas. Y Ringo, que ponía a la Patria junto con la Vieja -Doña Dominga- antes que todo, debió prenderse la lamparita. O al mismo García, que además tenía el sensacionalista "Así" y el popular "Crónica".
Sea como fuere, Bonavena se apareció ante la prensa internacional con la icónica remera en color oscuro y letras claras bien visibles. Y con una particular inscripción bordada en inglés: "The Malvinas are Argentina"s". O sea "Las Malvinas son de Argentina". Pocos repararon la provocación. Que en 1982 se convertiría en la tragedia de un país.
No sabemos si la fatídica noche del 22 de mayo de 1976, a la afueras del World Famous Mustang Ranch, Nevada, Estados Unidos, llevaba esa remera debajo. Tampoco si estaba dentro de sus pertenencias, que los mafiosos quemaron en la casa rodante a la afueras de la ciudad. Quizá el impacto mortal, una bala usada para cazar venados, disparada por un agresor que condenaron solamente a dos años y salió enseguida bajo fianza, perforó el pecho del Rey de Parque Patricios, y desgarró ese trapo lucido con orgullo, como tantas otras balas que atravesarían a soldados argentinos en las Islas Malvinas. Ninguna sangre será en vano.
Fuente: Ser Argentino












