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Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos

El desperdicio de alimentos es uno de los grandes problemas del sistema alimentario global. Cada año, una enorme cantidad de comida producida para el consumo humano se pierde o termina en la basura sin haber sido aprovechada. Esta situación resulta preocupante porque, al mismo tiempo, millones de personas en diferentes regiones del mundo enfrentan dificultades para acceder de manera suficiente y constante a los alimentos. Los especialistas advierten que reducir las pérdidas y el desperdicio es, en principio, una cuestión económica, pero también tienen un impacto social y ambiental.

Para comprender mejor este problema, es necesario diferenciar entre pérdida y desperdicio de alimentos. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conocida como FAO, la pérdida ocurre principalmente después de la cosecha y antes de que los productos lleguen al comercio minorista. Por ejemplo, frutas y verduras pueden dañarse durante el transporte, mientras que los granos pueden deteriorarse debido a la humedad o algunos alimentos pueden perderse por la falta de sistemas adecuados de refrigeración. En cambio, el desperdicio se produce en las etapas finales de la cadena alimentaria, especialmente en los comercios, los restaurantes, otros servicios de alimentación y los hogares.

Según estimaciones recientes citadas por la FAO, alrededor del 13,2 por ciento de los alimentos se pierde después de la cosecha y antes de la venta minorista. Esta proporción representa aproximadamente 1.250 millones de toneladas. Por otra parte, los datos mundiales difundidos junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, indican que el 19 por ciento de los alimentos disponibles para los consumidores terminó desperdiciado. Esto equivale a más de 1.000 millones de toneladas.

Además, el desperdicio no se distribuye de la misma manera entre los distintos sectores. Los hogares representan aproximadamente el 60 por ciento del desperdicio registrado en las etapas finales de la cadena. A continuación se encuentran los servicios de alimentación, con un 28 por ciento, mientras que el comercio minorista representa el 12 por ciento.

Para producir, transportar, almacenar y preparar cada producto se utilizan agua, tierra, energía, trabajo e inversiones económicas. Por esta razón, cuando un alimento termina en la basura, también se pierden todos los recursos empleados durante su elaboración. Del mismo modo, los residuos alimentarios pueden contribuir a la contaminación y a las emisiones de gases de efecto invernadero. También pueden favorecer la pérdida de biodiversidad cuando la producción de alimentos requiere utilizar grandes cantidades de recursos naturales.

Las causas del problema, sin embargo, varían según las condiciones de cada región. En los países con mayores niveles de ingresos, una parte importante del desperdicio ocurre en los hogares y los servicios de alimentación. Es frecuente, por ejemplo, preparar cantidades excesivas, comprar más alimentos de los necesarios o conservar durante demasiado tiempo las sobras hasta que dejan de ser aptas para el consumo. En los países con menos recursos, en cambio, las pérdidas pueden producirse antes de que los alimentos lleguen al mercado. La falta de infraestructura, refrigeración, almacenamiento y tecnología puede provocar daños durante la cosecha, el transporte o la conservación.

Frente a esta realidad, resulta fundamental adoptar medidas que permitan prevenir las pérdidas desde las primeras etapas de la producción y reducir el desperdicio en los lugares donde los alimentos llegan a los consumidores. Para ello, es necesario invertir en sistemas adecuados de almacenamiento, transporte e infraestructura poscosecha. Asimismo, las nuevas tecnologías pueden ayudar a identificar dónde y por qué se producen las pérdidas, lo que permite tomar decisiones más eficaces.

Por otra parte, también es importante mejorar la manipulación, comercialización y conservación de los alimentos. En los hogares, planificar las compras, aprovechar las sobras y prestar atención a la conservación pueden evitar que productos todavía útiles terminen en la basura. Al mismo tiempo, las empresas y las autoridades deben promover prácticas responsables y favorecer modelos de economía circular que permitan aprovechar los recursos de manera más eficiente.

La FAO propone acelerar las acciones destinadas a reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por persona y disminuir las pérdidas a lo largo de las cadenas de producción y suministro para 2030. Alcanzar este objetivo permitiría aprovechar mejor los recursos, reducir los impactos ambientales y contribuir a una mayor seguridad alimentaria.

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