Una perspectiva teológica sobre la deuda de la humanidad
Fue tal vez la declaración más importante de Juan El Bautista acerca de Jesús, cuando dijo: "Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".
El significado teológico de esta frase es que, en el Antiguo Testamento, por mandato divino, se estableció que se sacrificaran corderos para pedir el perdón de los pecados del pueblo hebreo.
El cordero representa la inocencia, la pureza y la falta de maldad, y fue un símbolo de lo que más tarde sería el sacrificio de Jesús en la cruz. Pasado ya el Antiguo Testamento se comienza a hablar de redención, rescate o salvación. En ese contexto, Jesús es visto en el cristianismo como el sacrificio definitivo que perdona a toda la humanidad.
Para profundizar en esta perspectiva teológica, la idea central es que la muerte de Jesús en la cruz pagó la deuda de toda la humanidad una vez y para siempre, pero ese regalo se hace efectivo en cada persona a través de la fe y el arrepentimiento.
Esto se conoce como la distinción entre la redención objetiva (lo que Cristo ya hizo por todos) y la apropiación subjetiva (lo que el ser humano acepta individualmente).

El rol del arrepentimiento
Aunque el perdón está disponible y pagado para todos, la Biblia enseña que no se aplica de forma automática (lo que descarta el universalismo automático). El arrepentimiento es la llave que abre esa puerta.
En el griego del texto del Nuevo Testamento, se usa la palabra metanoia, que significa "cambio de mente" o de dirección. No es solo sentir culpa, sino dar un giro de 180 grados hacia Dios.
De manera tal que existe un procedimiento para recibir o aceptar el perdón: "Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados". El perdón está listo, pero el arrepentimiento lo activa en la vida del creyente.
Como ilustración de lo anterior, imagina que alguien paga por completo una fianza o una deuda millonaria a tu nombre en el banco.
La deuda legalmente ya no existe (fue perdonada/pagada), pero si tú te niegas a ir al banco a firmar y aceptarlo, seguirás viviendo como un esclavo de esa deuda, a pesar de haberse pagado. El arrepentimiento y la fe son ese acto de ir a reclamar lo que ya se pagó por ti.
Dos etapas posteriores
El proceso que sigue al recibir el perdón lo podemos dividir en dos etapas. La primera es la justificación; es decir, el acto legal donde Dios declara al pecador "no culpable" porque Jesús ya pagó la fianza. De manera tal que el perdón se da en forma inmediata pero se toma posesión por medio de la fe.
La segunda es el proceso de santificación. Es el camino diario del creyente donde, impulsado por ese perdón, vive arrepintiéndose de sus fallas cotidianas para parecerse cada día más a Cristo.
Tal vez no lo sabías, pero recibir y aceptar el perdón divino te convierte en hijo de Dios y hace que las cosas viejas pasen y ahora sean todas hechas nuevas.














