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Cuidar la vida silvestre

La recuperación de la vida silvestre es una forma concreta de reconstruir los vínculos que sostienen a los ecosistemas y de recuperar procesos naturales que resultan indispensables para la vida. En un planeta marcado por la pérdida de biodiversidad, la degradación de los ambientes y el cambio climático, proteger y restaurar la naturaleza es, ante todo, una responsabilidad ambiental, pero también una decisión fundamental para el futuro de nuestra casa común.

La biodiversidad comprende la variedad de seres vivos que habitan el planeta, desde animales y plantas hasta hongos y microorganismos, además de las diferencias genéticas dentro de cada especie. También incluye los ecosistemas, como bosques, ríos, humedales, océanos y pastizales, y las relaciones que se establecen entre todos sus componentes. Por eso, cuando una especie desaparece, no se pierde solamente un animal o una planta; también pueden alterarse las funciones que esa especie desempeñaba y, con ellas, el equilibrio de todo un ambiente.

La naturaleza sostiene una enorme cantidad de procesos de los que depende nuestra vida cotidiana. Los ecosistemas producen oxígeno, contribuyen a purificar y conservar el agua, protegen los suelos, reciclan nutrientes y participan en la regulación del clima. Asimismo, numerosos animales intervienen en la polinización de cultivos y plantas silvestres, mientras que distintas especies aportan alimentos, medicinas y materiales útiles para las sociedades humanas. Además, los ambientes naturales pueden disminuir algunos riesgos, como la erosión y las inundaciones. Por eso, cuidar la biodiversidad significa proteger una red de sistemas naturales que hace posible nuestra existencia.

Un ejemplo alentador de esa tarea ocurre en el Parque Nacional El Impenetrable. Allí, a fines de julio, nació Tusquita, la primera guanaca concebida en territorio chaqueño en más de un siglo. Su nacimiento representa un momento especialmente significativo para el proyecto de reintroducción del guanaco, impulsado desde 2023 por la Fundación Rewilding Argentina junto con la Administración de Parques Nacionales y la Provincia del Chaco.

La historia de Tusquita permite comprender por qué la recuperación de la vida silvestre requiere mucho más que trasladar animales de un lugar a otro. Su madre, Antarca, y su padre, Chañar, llegaron desde la Patagonia y lograron adaptarse a los pastizales del Chaco Seco. Con su nacimiento, el proyecto alcanzó una nueva etapa, porque ya no se trata únicamente de animales trasladados que sobreviven en un ambiente diferente, sino de una población que comienza a reproducirse en el territorio que se busca restaurar.

El guanaco, por ser un gran herbívoro, cumple funciones importantes en los pastizales, ya que al alimentarse regula la cobertura y la densidad de la vegetación. De ese modo, contribuye a evitar la acumulación excesiva de material seco que puede convertirse en combustible y favorecer incendios de mayor intensidad. Al mismo tiempo, sus deposiciones ayudan a redistribuir nutrientes y fertilizar naturalmente el suelo.

Por lo tanto, recuperar una especie puede significar recuperar relaciones ecológicas completas. El objetivo es aumentar la cantidad de animales y recomponer procesos naturales que fueron interrumpidos durante décadas. Para lograrlo, es necesario liberar ejemplares de manera gradual, acompañar su adaptación, conocer sus desplazamientos y monitorear su comportamiento. Actualmente, quince guanacos viven en libertad en El Impenetrable y nueve de ellos son seguidos mediante collares satelitales. Algunos ya comenzaron a dispersarse, una señal positiva dentro del proceso de recuperación.

La llegada de Tusquita demuestra, además, que la restauración de la naturaleza exige paciencia. Una especie que estuvo ausente durante más de cien años no puede recuperar en poco tiempo una población estable y autosuficiente. Sin embargo, cada nacimiento representa un avance hacia ese objetivo. La continuidad del proyecto, con nuevos traslados y el fortalecimiento de la reproducción natural, busca que los guanacos vuelvan a ocupar progresivamente distintos sectores de los pastizales chaqueños.

Proteger la biodiversidad no significa solamente evitar que desaparezcan especies emblemáticas. Significa conservar las relaciones que mantienen saludables los ecosistemas y reconocer que nuestra sociedad forma parte de esa misma red. Cuando se deterioran los sistemas naturales, también se deterioran las condiciones que permiten producir alimentos, disponer de agua, conservar los suelos, regular el clima y sostener la vida.

La recuperación del guanaco en El Impenetrable muestra que revertir una pérdida ecológica es posible cuando existen conocimiento, compromiso y continuidad. Tusquita representa también la posibilidad de que la naturaleza recupere funciones perdidas y de que las futuras generaciones reciban ecosistemas capaces de seguir sosteniendo la vida.

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