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Crece la deuda de los hogares

En una parte importante de los hogares argentinos, cada vez más familias recurren al crédito para llegar a fin de mes. Lo que antes podía ser una herramienta para comprar un electrodoméstico, cambiar un vehículo o afrontar un gasto extraordinario, ahora se convirtió en una forma de pagar necesidades básicas. Alimentos, medicamentos, servicios y otros gastos cotidianos son cubiertos mediante tarjetas de crédito, préstamos y billeteras virtuales.

Según un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral junto con la consultora ECO GO, la situación se agravó durante los últimos meses. En junio de 2026, la deuda atrasada de las personas alcanzó 17,5 por ciento del total del crédito otorgado. Esta cifra resulta, según algunos economistas, muy preocupante porque en diciembre de 2024 representaba apenas 3,6 por ciento. En diciembre de 2025, en cambio, había llegado al 12,6 por ciento. Por lo tanto, en un año y medio, el nivel de incumplimiento se multiplicó casi por cinco.

Además, el informe señala que 26,1 por ciento de los deudores tiene algún grado de atraso en sus pagos. La situación es todavía más complicada fuera de los bancos tradicionales, donde las dificultades para pagar alcanzan niveles superiores. En el caso del crédito ofrecido por proveedores no financieros, la irregularidad llega a 31 por ciento. Esto muestra que muchas personas no solo tienen problemas para pagar los préstamos bancarios, sino también las obligaciones asumidas mediante otras formas de financiamiento.

Una de las principales razones de este fenómeno es la pérdida de poder adquisitivo. Es decir, cuando los ingresos crecen menos que los precios, el dinero disponible alcanza para comprar cada vez menos. En consecuencia, muchas familias deben buscar otras maneras de cubrir sus gastos. Primero utilizan sus ahorros, si los tienen. Después recurren a la tarjeta de crédito, a un préstamo o a una billetera virtual. Sin embargo, esa solución permite resolver el problema del presente, pero crea una obligación para los meses siguientes.

De esta manera, se produce un círculo difícil de romper. Una familia utiliza el crédito para comprar alimentos, luego debe pagar esa deuda y, como sus ingresos continúan siendo insuficientes, vuelve a pedir dinero prestado. Así, una deuda puede terminar financiando otra. Con el paso del tiempo, las cuotas ocupan una parte cada vez mayor del ingreso familiar y queda menos dinero para los gastos habituales.

A esta situación se suma el aumento de los costos de servicios y otros gastos indispensables. Cuando una parte importante del presupuesto debe destinarse a tarifas, alimentos, medicamentos y transporte, cualquier aumento adicional puede desequilibrar las cuentas. Por consiguiente, una familia que antes podía pagar sus obligaciones sin dificultades puede comenzar a atrasarse aunque mantenga el mismo nivel de consumo.

También influyeron los cambios en las condiciones de los créditos. Durante determinados períodos, las tasas de interés fueron más bajas y algunas personas tomaron préstamos pensando que podrían sostenerlos. Posteriormente, el aumento de las tasas modificó el costo del financiamiento y complicó la situación de quienes ya tenían deudas. Por eso, las condiciones económicas generales pueden transformar rápidamente una cuota que parecía manejable en una obligación difícil de cumplir.

Frente a este escenario, el gobierno nacional sostiene que las deudas forman parte de acuerdos entre particulares y que no habrá una asistencia financiera estatal destinada a rescatar a los deudores. Al mismo tiempo, desde el Poder Ejecutivo nacional se plantea que una menor inflación y una eventual reducción de las tasas podrían mejorar gradualmente las condiciones del crédito.

Sin embargo, mientras esos cambios esperan producir efectos, las familias deben afrontar sus obligaciones todos los meses. Por esta razón, el endeudamiento no puede entenderse solamente como una decisión individual. Cuando millones de personas necesitan crédito para comprar productos básicos, el problema también refleja las dificultades que atraviesa la economía.

En definitiva, la creciente morosidad muestra que muchas familias argentinas están viviendo con ingresos que no alcanzan para cubrir sus necesidades. El crédito puede ofrecer un alivio inmediato, pero no reemplaza de manera permanente a un ingreso suficiente. Por ello, mientras los salarios pierdan capacidad de compra y los gastos esenciales continúen aumentando, será difícil reducir el nivel de endeudamiento. La cuestión central no es solamente cuánto deben las familias, sino por qué necesitan endeudarse para poder vivir.

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