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Carta de lectores

Chaco: la verdad que nos debemos

Señor director de NORTE:

Hay momentos en los que guardar silencio deja de ser prudencia y empieza a parecer complicidad. Chaco necesita hacerse preguntas. Durante décadas hemos visto pasar gobiernos, funcionarios, dirigentes, empresarios, periodistas y distintos grupos de poder.

Cambian los nombres y los cargos, pero muchas preguntas siguen sin respuesta. ¿Cómo se explican determinados patrimonios? ¿Cómo se obtuvieron determinadas propiedades y bienes? ¿Cómo crecieron de manera extraordinaria algunos negocios?

¿Qué ocurrió con las tierras públicas, quiénes fueron beneficiados y bajo qué condiciones? No se trata de cuestionar a quien trabaja, invierte y progresa. Todo ciudadano tiene derecho a hacerlo. La pregunta es mucho más simple: ¿De dónde salió?

También hay que mirar determinados emprendimientos cuyo crecimiento resulta llamativo: casas de ropa, negocios gastronómicos y de alimentación saludable, propiedades, vehículos y viajes de lujo.

No como una condena, sino como una pregunta que cualquier sociedad tiene derecho a formular cuando existen dudas sobre la relación entre patrimonio, ingresos y cercanía con el poder.

Lo mismo debe ocurrir con quienes intervienen en causas sensibles dentro del sistema judicial —abogados, fiscales y jueces— y con funcionarios vinculados a ellas. Si existen dudas, deben investigarse. Si todo está en regla, que hablen los documentos. Y si hubo irregularidades, que se conozcan.

Las tierras públicas tampoco pueden manejarse como patrimonio de un gobierno de turno. Son de todos los chaqueños, y cada adjudicación, operación o transferencia debe poder ser explicada.

Pero hay otro poder que también merece ser observado: el negocio del periodismo alrededor de la política. El periodismo debería controlar al poder, no convertirse en dependiente de él. La publicidad oficial es legítima, pero debe ser transparente y no transformarse en una herramienta para comprar silencios, premiar medios amigos o construir relatos favorables al gobierno de turno.

Y esto no es solamente una cuestión del peronismo ni de ningún partido: debe investigarse gobierne quien gobierne. Chaco lleva aproximadamente cuarenta años atravesado por distintas etapas y estructuras vinculadas con el peronismo. Eso no significa responsabilizar a todos ni negar los aciertos que pudieron existir.

Pero cuarenta años de poder también merecen cuarenta años de preguntas. ¿Qué patrimonio tenían cuando llegaron y qué patrimonio tienen hoy?

La misma pregunta debe hacerse a funcionarios, abogados, fiscales y jueces, empresarios, dirigentes y a cualquiera que haya tenido una relación cercana con el poder.

Si realmente revisáramos durante décadas patrimonios, tierras, sociedades, contrataciones, causas, negocios, publicidad oficial, relaciones políticas y beneficios obtenidos alrededor del Estado, probablemente aparecería una realidad incómoda. Y debemos ser sinceros: quizás si se investigara absolutamente todo y sin proteger a nadie hasta nos sorprendería cuánta gente quedaría afuera de la foto.

No podemos afirmar que todos sean corruptos. Sería injusto. Pero tampoco podemos ser ingenuos y creer que todo se hizo siempre de manera impecable. Somos pocos los que podemos mirar hacia atrás y decir que lo que tenemos fue construido trabajando honestamente, sin lucrar con el Estado, sin vender nuestros principios y sin negociar nuestra conciencia.

Por eso no hacen falta guerras políticas ni persecuciones. Hace falta transparencia. Que se investiguen los patrimonios. Que se revisen las tierras. Que se conozcan las contrataciones. Que sea transparente la publicidad oficial. Que se investiguen las causas que correspondan. Que nadie sea protegido por su apellido, profesión, partido o poder.

Porque la Justicia no puede tener amigos. El periodismo no puede tener dueños políticos. Y el Estado no puede tener propietarios particulares.

 Quizás, si algún día realmente revisáramos todo, sin amigos ni enemigos, sin partidos y sin protección, descubramos que no son tantos los que pueden tirar la primera piedra. Pero justamente por eso hay que hacerlo. Porque Chaco no necesita más discursos: necesita verdad. Y la verdad no tiene partido, apellido ni dueño.

NICOLÁS ALEJANDRO GALASSI

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