El trabajo de cuidados impulsa las economías
Alimentar a una familia, cuidar a niñas y niños, acompañar a personas mayores, atender a quienes están enfermos o realizar tareas domésticas son actividades indispensables para que millones de personas puedan estudiar, trabajar y participar en la sociedad. Sin embargo, una parte considerable de este trabajo permanece invisibilizada.
La oficina de Naciones Unidas que promueve la igualdad de género (ONU Mujeres) sostiene que el trabajo de cuidados, tanto remunerado como no remunerado, es esencial para mantener a las sociedades saludables y productivas. Según la organización, si se asignara un valor monetario al trabajo de cuidados no remunerado, este podría representar hasta el 40 % del producto interno bruto en algunos países. Además, las inversiones en los sectores de cuidados pueden generar entre dos y tres veces más empleo que las inversiones en la construcción. Estos datos muestran que el cuidado no debe considerarse una actividad secundaria, sino un componente fundamental de la economía.
El citado organismo internacional estima que alrededor de 350 millones de niñas y niños requieren servicios de cuidado infantil en el mundo. Asimismo, para 2030 unos 2.300 millones de personas necesitarán cuidados, frente a los 2.100 millones registrados en 2015. El envejecimiento de las poblaciones y el aumento de las necesidades de asistencia hacen que la creación de sistemas públicos y privados de cuidados sea cada vez más importante.
La ONU señala que las mujeres y las niñas dedican 2,5 veces más horas al día que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado. Además, a nivel global, el 45 % de las mujeres en edad de trabajar, equivalente a unos 708 millones de personas, se encuentra fuera del mercado laboral debido a responsabilidades de cuidados no remunerados, frente al 5 % de los hombres.
Esta desigualdad también afecta a quienes realizan cuidados remunerados. Dos tercios de las personas trabajadoras del sector de cuidados son mujeres, mientras que ellas representan el 80 % del trabajo doméstico remunerado en todo el mundo. ONU Mujeres advierte que el 90 % de las personas trabajadoras domésticas carece de protección social y cobertura de seguridad social. Por consiguiente, ampliar la economía del cuidado debe significar también crear empleos decentes, garantizar derechos laborales y mejorar las condiciones de quienes realizan estas tareas.
Por otra parte, los especialistas advierten que los sistemas de cuidados adquieren una importancia todavía mayor durante las crisis. Cuando un conflicto, una emergencia sanitaria o un desastre ambiental impactan causando el deterioro de servicios e infraestructuras, las familias deben asumir una mayor cantidad de tareas y las mujeres suelen cargar con la mayor parte de ellas, dando como resultado que esta situación reduce su tiempo disponible para trabajar, estudiar o buscar una tarea que les generen ingresos.
Por ello, la ONU propone invertir en cuidados porque produce efectos que van mucho más allá de la creación inmediata de puestos de trabajo y porque un sistema sólido permite que más mujeres ingresen y permanezcan en el mercado laboral, mejora las condiciones de quienes trabajan en el sector y garantiza una atención de mayor calidad para quienes la necesitan. A la vez, fortalece la capacidad de las comunidades para enfrentar crisis y reduce desigualdades que pueden transmitirse entre generaciones.
ONU Mujeres señala que las inversiones en servicios de cuidado podrían crear casi 300 millones de nuevos empleos decentes para 2035. Además, estas inversiones tienen el potencial de ser hasta un 30 % menos contaminantes que las destinadas a la industria de la construcción. De este modo, la economía del cuidado puede contribuir tanto al empleo y a la igualdad como a una transición hacia modelos de desarrollo más sostenibles.
En definitiva, cuidar no es una actividad ajena a la economía. Es una de sus condiciones fundamentales. Reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados permite liberar tiempo, ampliar las oportunidades laborales de las mujeres y fortalecer los servicios que sostienen a las sociedades. Al mismo tiempo, invertir en cuidados genera empleo y puede ofrecer retornos económicos duraderos. Por eso, como plantea ONU Mujeres, construir sistemas de cuidados sólidos y equitativos no representa únicamente un gasto social, sino una inversión estratégica en productividad, igualdad, derechos humanos y prosperidad futura.











