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Vivir conectados desde la infancia

El acceso temprano al teléfono celular se convirtió en una realidad cotidiana para niñas, niños y adolescentes en Argentina. La Encuesta Nacional Kids Online Argentina 2025, realizada por Unicef y Unesco, muestra que el 95% de los chicos de entre 9 y 17 años cuenta con un celular propio con conexión a Internet y que la edad promedio para acceder al primer dispositivo es de 9,6 años. Además, entre quienes tienen entre 9 y 11 años, el 83% obtuvo su primer celular antes de cumplir los 10. Estos datos confirman que existe un proceso de transformación en la manera en que las nuevas generaciones se relacionan con la tecnología.

Sin embargo, el acceso temprano no debe analizarse únicamente como un problema de cantidad de horas frente a una pantalla. El celular representa una puerta de entrada a oportunidades vinculadas con el aprendizaje, la comunicación, el entretenimiento y la participación social. Al mismo tiempo, esa puerta puede conducir a situaciones para las que niñas y niños todavía no cuentan con las herramientas necesarias. Por esta razón, el informe de Unicef plantea la necesidad de comprender el entorno digital desde una perspectiva de derechos, en lugar de reducir el debate a la prohibición o al control.

La publicación de Unicef Argentina dedicada a las infancias y adolescencias en la era digital advierte sobre la relación entre determinadas experiencias emocionales y los usos problemáticos de Internet, los celulares y los videojuegos. No obstante, resulta importante evitar conclusiones simplistas. La evidencia no permite afirmar que una mayor cantidad de tiempo frente a las pantallas provoque por sí misma emociones adversas. Por el contrario, puede existir una relación de refuerzo mutuo, ya que quienes atraviesan sentimientos de soledad, tristeza o miedo pueden recurrir al mundo digital como refugio y, a la vez, quedar más expuestos a prácticas que profundicen su malestar.

Asimismo, el acceso temprano puede ampliar la exposición a contenidos inapropiados, situaciones de violencia digital, desinformación y contactos con personas desconocidas. Cuando el dispositivo llega a edades tempranas sin acompañamiento suficiente, también aumenta la posibilidad de que niñas y niños ingresen a distintas redes sociales y desarrollen prácticas para las que todavía no poseen criterios sólidos de seguridad y autocuidado. Por lo tanto, el problema no reside solamente en tener un celular, sino también en las condiciones en que ese acceso ocurre y en las herramientas disponibles para utilizarlo de manera segura.

Otro aspecto fundamental es el descanso. El celular puede alterar las rutinas de sueño cuando se utiliza durante la noche o permanece dentro del dormitorio. Según los datos reunidos por Unicef, una parte de los adolescentes reconoce haber dejado de dormir o comer por dedicar demasiado tiempo al celular, Internet o los videojuegos. En consecuencia, establecer momentos libres de pantallas, especialmente antes de dormir, constituye una medida sencilla que puede contribuir al bienestar cotidiano.

Pero acompañar no significa vigilar permanentemente ni controlar cada actividad realizada en Internet. Implica conversar, escuchar, establecer límites claros y ayudar a interpretar aquello que sucede en el entorno digital. De este modo, madres, padres, docentes y otros adultos de referencia pueden contribuir a que niñas y niños desarrollen progresivamente criterios de autonomía, privacidad, seguridad y pensamiento crítico.

Unicef propone pensar en un contrapeso de experiencias fuera de las pantallas. El juego libre, el deporte, la lectura, los encuentros presenciales, el movimiento y los espacios familiares sin dispositivos cumplen funciones esenciales en el desarrollo. Pero estas actividades no deberían quedar relegadas a los momentos que sobran después del tiempo digital, sino ocupar un lugar deliberado en la vida cotidiana.

La cuestión central consiste en crear condiciones para que la incorporación de la tecnología sea compatible con el desarrollo integral y los derechos de las infancias. La evidencia de la encuesta de Unicef Argentina muestra que la conectividad ya está instalada y que la edad de acceso continúa descendiendo. Por ello, más que ignorar esta realidad, las familias y las instituciones necesitan acompañarla con alfabetización digital, diálogo y criterios de protección. De esa manera, el celular podrá ser una herramienta de aprendizaje y comunicación sin convertirse en un reemplazo de los vínculos, el descanso, el juego y las experiencias que resultan fundamentales durante la infancia.

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