La inmortalidad del Libertador
Cada 17 de agosto, la Argentina recuerda el paso a la inmortalidad del general José de San Martín, una de las figuras fundamentales de la historia nacional y americana. La fecha evoca su fallecimiento, ocurrido el 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde, en su casa de Boulogne-sur-Mer, Francia. A más de un siglo y medio de aquel día, su legado continúa vigente por sus hazañas militares, por sus ideas, sus decisiones políticas y su permanente defensa de la libertad y la unidad.
San Martín nació en Yapeyú, Corrientes, en 1778 y desarrolló buena parte de su carrera militar en España. En 1810, mientras se encontraba en la península ibérica, recibió las noticias de la Revolución de Mayo y comprendió que en el Río de la Plata comenzaba un proceso decisivo para la emancipación. Decidió entonces regresar y ponerse al servicio de la causa independentista. Fue así que en 1812 llegó a Buenos Aires y poco después creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, con el que obtuvo su primera gran victoria en territorio americano en el combate de San Lorenzo, en 1813.
San Martín entendió, desde un primer momento, que la independencia no podía asegurarse únicamente mediante la defensa de los territorios rioplatenses. Por eso elaboró un ambicioso plan destinado a liberar Chile y Perú, donde las fuerzas realistas mantenían una importante presencia. En 1817 inició el cruce de la cordillera de los Andes al frente del Ejército de los Andes y esa campaña permitió alcanzar Chile, donde contó con la colaboración decisiva de Bernardo O’Higgins, y posteriormente avanzar hacia el Perú.
En septiembre de 1820, el ejército libertador llegó a las costas peruanas. Al año siguiente, San Martín proclamó la independencia del Perú. Entre las medidas impulsadas durante su gobierno se destacó la abolición de la esclavitud, una decisión coherente con el principio que había guiado buena parte de su pensamiento y que expresó con claridad en una de sus máximas más recordadas, "Seamos libres, lo demás no importa nada".
Su trayectoria también revela a un dirigente preocupado por cuestiones que iban más allá del campo de batalla. Durante su gobierno de las provincias cuyanas promovió medidas vinculadas con la educación, la salud pública, la industria, la organización económica y la administración. Su actuación demuestra que concebía la construcción de una sociedad independiente como un proceso que requería instituciones sólidas, responsabilidad pública y compromiso con el bienestar colectivo.
Otro aspecto importante de su legado fue su rechazo a las luchas internas. San Martín se negó a utilizar el Ejército de los Andes para combatir contra otros patriotas y sostuvo que la causa de la emancipación debía estar por encima de los enfrentamientos entre sectores. En una carta dirigida a Estanislao López expresó una idea que conserva una notable actualidad, "Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro de que los batiremos". Con esas palabras defendió la necesidad de superar los resentimientos y priorizar un objetivo común.
Recordar a San Martín obliga, por lo tanto, mucho más que repetir las fechas de sus campañas militares; porque su figura permite comprender que la independencia fue resultado de una visión política amplia, capaz de proyectarse más allá de las dificultades inmediatas. También invita a valorar la capacidad de actuar con decisión frente a desafíos que parecían imposibles y a sostener principios aun cuando las circunstancias fueran adversas.
Cada aniversario de su fallecimiento ofrece una oportunidad para recuperar esas enseñanzas. En una sociedad atravesada por diferencias y debates, el llamado a la unidad adquiere un significado especial. Honrar la memoria del Libertador no supone ignorar las diferencias, sino comprender que una nación necesita encontrar puntos de encuentro para avanzar. El respeto, la responsabilidad y la búsqueda del bien común son valores que mantienen vivo su legado.
El 17 de agosto es, ante todo, una fecha para recordar a un hombre que dedicó buena parte de su vida a una causa que consideraba superior a cualquier interés personal. San Martín murió lejos de su patria, pero su pensamiento y sus acciones permanecieron vinculados para siempre con la historia de la libertad americana. Recordarlo es reconocer sus victorias, estudiar sus decisiones y mantener presentes sus ideales. Su legado sigue siendo una invitación a construir una sociedad más unida, libre y consciente de su responsabilidad colectiva.










