La carrera por liderar la ONU
El diplomático argentino Rafael Grossi quedó tercero en la segunda votación realizada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para evaluar a los candidatos a suceder a António Guterres como secretario general. Con siete votos de apoyo, seis en contra y dos integrantes sin opinión, Grossi logró mantenerse entre los principales aspirantes y reforzó su posición de cara a las próximas etapas del proceso. Aunque todavía no existe una definición, el resultado representa una señal favorable para su candidatura.
La elección del próximo secretario general tendrá lugar en un escenario internacional particularmente complejo. El mandato de Guterres concluirá el 1 de enero de 2027 y, por lo tanto, los distintos candidatos comenzaron a disputar apoyos antes de una decisión que tendrá consecuencias relevantes para el futuro de la organización. En efecto, la ONU atraviesa un período marcado por guerras, tensiones entre grandes potencias, crisis humanitarias y cuestionamientos sobre la capacidad del sistema multilateral para responder de manera eficaz.
En esta segunda ronda de consultas, la exministra de Asuntos Exteriores de Guyana Carolyn Rodrigues-Birkett obtuvo el primer lugar, con ocho votos favorables, tres negativos y cuatro miembros sin opinión. A continuación, se ubicó Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y actual titular de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, quien consiguió siete apoyos, cuatro votos en contra y cuatro integrantes sin opinión. Grossi, por su parte, alcanzó la misma cantidad de respaldos que Grynspan, aunque quedó tercero de acuerdo con el resultado general de la consulta.
El desempeño del argentino adquiere especial relevancia dentro de la competencia latinoamericana. La región aparece como una de las principales protagonistas de esta sucesión, en parte debido a la expectativa de que el próximo secretario general pueda pertenecer nuevamente a América Latina.
La candidatura argentina también se sostiene en una trayectoria diplomática vinculada con algunos de los asuntos más delicados de la agenda internacional. Grossi cuenta con más de tres décadas de experiencia en diplomacia nuclear y desarme y, desde 2019, dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica. Desde ese cargo participó en escenarios de alta tensión, entre ellos la guerra en Ucrania y las negociaciones relacionadas con el programa nuclear iraní.
Grossi ha reivindicado el legado del peruano Javier Pérez de Cuéllar, único latinoamericano que ocupó hasta ahora el máximo cargo de la ONU. Según su planteo, la organización necesita recuperar una conducción capaz de intervenir con mayor decisión en las crisis internacionales y de promover soluciones concretas. Esta posición cobra importancia en un momento en que el funcionamiento del Consejo de Seguridad es cuestionado por las dificultades para alcanzar acuerdos frente a conflictos de gran magnitud. Sin embargo, el tercer puesto no garantiza la llegada de Grossi a la Secretaría General. El proceso continuará en septiembre, cuando se realice una nueva votación coincidiendo con la apertura del período de sesiones de la Asamblea General. Allí, además, tendrá especial importancia la posición de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia. Para que un candidato sea recomendado formalmente, deberá conseguir al menos nueve votos favorables y, al mismo tiempo, evitar el veto de cualquiera de esas cinco potencias.
Grossi deberá transformar su actual nivel de respaldo en una mayoría capaz de superar las diferencias dentro del Consejo de Seguridad. Al mismo tiempo, tendrá que conservar el apoyo latinoamericano y ampliar su respaldo entre las potencias con capacidad de bloquear una candidatura.
La votación, además, muestra que la carrera todavía está abierta. Ninguno de los aspirantes alcanzó una ventaja definitiva y los resultados reflejan un escenario de competencia estrecha. Por ello, las negociaciones diplomáticas que acompañarán las próximas consultas serán tan importantes como los números obtenidos hasta ahora. Mientras tanto, Grossi buscará consolidar el respaldo conseguido y presentarse como un candidato capaz de combinar experiencia diplomática, conocimiento de los conflictos contemporáneos y una visión de liderazgo más activa para las Naciones Unidas.
Así, el tercer puesto obtenido por el argentino representa un avance, aunque todavía insuficiente para anticipar el resultado final. La definición llegará después de nuevas negociaciones y votaciones, en un proceso donde cada apoyo y cada eventual veto pueden modificar el escenario. Hasta entonces, Rafael Grossi seguirá siendo uno de los nombres centrales de una disputa que no solo definirá quién sucederá a Guterres, sino también qué perfil tendrá el liderazgo de la ONU a partir de 2027.











