China, los robots y el futuro laboral
La fabricación masiva de robots humanoides en China está dejando de ser una promesa tecnológica para convertirse en un fenómeno con capacidad de transformar el mercado laboral mundial. El caso del robot Tiangong Ultra, que durante los Juegos Mundiales de Robots Humanoides celebrados en Beijing, recorrió 100 metros en 9,39 segundos, superando el récord establecido por Usain Bolt en 2009 es apenas la punta del iceberg de las transformaciones que se están gestando.
Más allá de la espectacularidad de la hazaña, su verdadero significado se encuentra en la velocidad con la que la robótica está evolucionando y en la posibilidad de trasladar esos avances desde las pistas de competición hacia las fábricas y otros espacios de trabajo.
En primer lugar, el progreso de Tiangong Ultra evidencia que los robots humanoides están alcanzando niveles de movilidad que hasta hace pocos años parecían difíciles de conseguir. En 2025, el mismo modelo necesitaba 21,50 segundos para completar los 100 metros, mientras que en una prueba previa reciente llegó a registrar 9,32 segundos y una velocidad máxima de 14,5 metros por segundo. Por lo tanto, la reducción del tiempo no representa solamente una mejora deportiva, sino también una muestra de la rapidez con la que aumentan las capacidades mecánicas y computacionales de estas máquinas.
En rigor, China logró convertir la innovación robótica en una industria de gran escala. El gigante asiático ha avanzado desde los primeros prototipos experimentales hasta sistemas destinados a tareas industriales concretas, como la logística, el ensamblaje, la agricultura y la medicina. Además, el desarrollo de la inteligencia artificial permitió pasar de robots que ejecutaban movimientos rígidos y previamente programados a máquinas capaces de interpretar información, aprender y adaptarse a situaciones más complejas. En la actualidad los humanoides pueden desempeñar actividades que requieren cierta flexibilidad y coordinación, lo que amplía considerablemente el número de empleos potencialmente automatizables.
China produce una parte importante de los componentes necesarios para construir estos robots, incluidos sensores, chips y sistemas de movimiento. Gracias a ello, puede reducir costos y acelerar la fabricación. El país asiático concentró cerca del 90 por ciento de la producción mundial de humanoides durante el año anterior y despachó más de 40.000 unidades solamente en la primera mitad de 2026. A esto se debe sumar que empresas como Unitree Robotics han desarrollado modelos comerciales con precios inferiores a los 16.000 dólares en algunos casos. Es decir, la producción en grandes cantidades podría hacer que estas máquinas sean económicamente atractivas para empresas de distintos países.
En la industria manufacturera, por ejemplo, los humanoides podrían asumir trabajos repetitivos, físicamente exigentes o peligrosos. Las fábricas automatizadas ya demuestran que una parte creciente de la producción puede funcionar con una intervención humana reducida. De este modo, actividades relacionadas con el transporte interno de mercancías, el ensamblaje y determinadas operaciones de almacenamiento podrían experimentar una disminución de la demanda de trabajadores.
Sin embargo, esto no significa necesariamente que los robots vayan a eliminar todos los empleos. Por el contrario, también aumentará la necesidad de personas capaces de diseñar, programar, supervisar, reparar y coordinar estos sistemas. Además, surgirán nuevas ocupaciones vinculadas con la inteligencia artificial, el mantenimiento robótico y la gestión de procesos automatizados. Por consiguiente, el principal cambio podría consistir menos en la desaparición absoluta del trabajo y más en una transformación de las habilidades que las empresas necesitan.
Por otra parte, China tiene un incentivo demográfico particular para impulsar esta tecnología. El envejecimiento de la población y la reducción de la mano de obra joven generan una presión creciente sobre sectores productivos y servicios esenciales. En otras palabras, los robots pueden funcionar como una herramienta para compensar la escasez de trabajadores y, progresivamente, colaborar en ámbitos como la atención de adultos mayores y determinados servicios de salud.
La expansión de los robots humanoides chinos plantea un desafío para el resto del mundo. Si estas máquinas llegan al mercado internacional con costos bajos y capacidades cada vez mayores, las empresas de otros países tendrán que decidir entre adoptarlas, desarrollar alternativas propias o modificar sus modelos de producción. Por ello, el caso de Tiangong Ultra simboliza algo más importante que un récord deportivo. Su carrera demuestra hasta qué punto ha avanzado la tecnología y anticipa una competencia global en la que la productividad, el empleo y la formación profesional estarán cada vez más condicionados por la presencia de robots capaces de desenvolverse en entornos diseñados para seres humanos.











