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Animales silvestres en zonas urbanas

La aparición de animales silvestres en zonas urbanas y periurbanas es una situación cada vez más frecuente, especialmente en regiones con una gran riqueza natural como la provincia del Chaco. Serpientes, yacarés, monos, comadrejas, zorros, lagartos y diversas especies de aves pueden ser vistos cerca de viviendas, barrios privados, quintas o rutas. Sin embargo, su presencia no significa necesariamente que represente un peligro o exista una emergencia. Por eso, actuar con calma, evitar decisiones impulsivas y conocer cuándo corresponde solicitar asistencia son medidas fundamentales para favorecer una convivencia responsable con la fauna.

En primer lugar, es necesario comprender por qué estos animales llegan hasta lugares habitados. Uno de los principales motivos es la expansión urbana sobre espacios que anteriormente constituían ambientes naturales. El crecimiento de barrios y viviendas, el relleno de lagunas y la transformación de terrenos con vegetación reducen progresivamente los espacios disponibles para muchas especies. Como consecuencia, algunos animales terminan desplazándose por zonas de transición en las que las personas también desarrollan sus actividades cotidianas.

Además, los fenómenos climáticos pueden intensificar estos desplazamientos; como por ejemplo las lluvias abundantes, las inundaciones y las crecientes de ríos, que obligan a distintas especies a buscar lugares más altos y seguros. Del mismo modo, durante períodos de sequía extrema, la falta de agua puede llevarlas a recorrer mayores distancias para encontrar recursos. A esto se suman los incendios, que destruyen ambientes naturales y fuerzan a los animales a escapar hacia sitios donde puedan refugiarse. Por lo tanto, el hecho de encontrar un ejemplar en una zona urbana no necesariamente debe interpretarse como que está atacando o invadiendo el territorio humano, sino que puede estar intentando sobrevivir ante la modificación de su entorno.

Según la Fundación Refugio Salvaje, entre las especies que aparecen con mayor frecuencia en nuestra región se encuentran la boa curiyú y la ñacaniná, además del yacaré overo y el yacaré negro. También pueden observarse monos, comadrejas, zorros, osos meleros, aguará guazú, lagartos y una amplia variedad de aves.

Ante un avistamiento, la primera recomendación es mantener la distancia y evitar acercarse para fotografiar, tocar, alimentar o intentar capturar al ejemplar. Asimismo, no se debe perseguir al animal ni realizar acciones violentas por miedo. En muchos casos, especialmente cuando se trata de especies como comadrejas o monos que transitan por áreas periurbanas, el animal simplemente continúa su recorrido y no representa un peligro inmediato. Intervenir sin necesidad puede aumentar el estrés del ejemplar y generar un riesgo tanto para las personas como para el propio animal.

Sin embargo, existen situaciones en las que sí es necesario solicitar ayuda especializada. Por ejemplo, encontrar un yacaré dentro de una piscina familiar representa un riesgo evidente porque el animal se encuentra en un espacio reducido y cercano a las personas. Del mismo modo, una serpiente dentro de una vivienda requiere una intervención profesional. En estos casos, intentar resolver el problema por cuenta propia puede terminar en una mordedura, una lesión o la muerte innecesaria del animal.

Por otra parte, es importante abandonar la creencia de que toda serpiente es venenosa o peligrosa. Aunque algunas especies pueden representar un riesgo real, identificarlas correctamente requiere conocimientos específicos. Por ello, las capacitaciones sobre prevención de accidentes ofídicos resultan fundamentales para reducir tanto los incidentes como las respuestas basadas en el miedo.

Cuando la situación requiere intervención, la ciudadanía debe comunicarse con los organismos competentes. En el Chaco, la Dirección de Fauna es la autoridad estatal responsable de brindar respuesta ante estos casos. Asimismo, la Fundación Refugio Salvaje ofrece orientación y asesoramiento a través de sus canales de comunicación, aunque actualmente no recibe ni aloja directamente a los animales rescatados. Su tarea de capacitación y acompañamiento permite evaluar cada situación y determinar si realmente es necesaria una intervención.

Debemos convivir con la fauna silvestre y eso exige información, prudencia y respeto. La presencia de un animal en una zona urbana no debe interpretarse automáticamente como una amenaza. Si las personas mantienen la distancia, evitan acciones violentas y recurren a especialistas cuando existe un riesgo concreto, será posible prevenir accidentes y, al mismo tiempo, proteger una biodiversidad que forma parte del patrimonio natural de la región.

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