Murió Juan Manuel Figueroa, "La Momia" de Titanes en el Ring
El mundo de la lucha libre argentina perdió a uno de sus íconos más queridos. Juan Manuel Figueroa falleció a los 76 años, dejando un legado que trascendió la tv para instalarse en el imaginario popular de varias generaciones.

Nacido el 26 de enero de 1950, Figueroa fue mucho más que el luchador envuelto en vendas. Su vínculo con el deporte comenzó en el Club Atlético Vélez Sarsfield, donde entrenaba lucha olímpica y grecorromana. Su llegada a Titanes en el Ring fue casi accidental: en 1973 acompañó a un amigo a una función en Mar del Plata, y mientras jugaba a la lucha sobre el ring con otros compañeros, llamó la atención de Martín Karadagián, el creador del programa. Lejos de enojarse, el titán los invitó a sumarse a la troupe. Así empezó una carrera que duraría más de cinco décadas.
Su gran oportunidad llegó en 1974, cuando Juan Enrique Dos Santos dejó de interpretar a "La Momia". El relator Rodolfo Di Sarli sugirió probar con Figueroa, y Karadagián quedó deslumbrado. Desde entonces, Figueroa se convirtió en la encarnación definitiva del personaje: las vendas, el silencio, los movimientos lentos y esa presencia espectral lo transformaron en una figura inolvidable. Para millones de argentinos, La Momia era ese ser misterioso que aparecía en la pantalla chica y provocaba fascinación y respeto sin necesidad de pronunciar una palabra.

Pero Figueroa no fue solo La Momia. A lo largo de su extensa carrera, se puso en la piel de decenas de personajes: El Olímpico, El Androide, El Dogo, Anuk el Esquimal, Ro-Box, Clawman, Mano Negra, El Faraón, El Indio Cutral-Có y muchos más. En 1982, cuando el programa regresó a la televisión, Figueroa debía interpretar simultáneamente a El Olímpico y a El Androide, mientras el público reclamaba el regreso de La Momia. La producción organizó un multitudinario desembarco del personaje en el puerto de Buenos Aires, y luego se planeó un enfrentamiento entre La Momia y El Androide, ambos encarnados por el mismo hombre. La solución fue que otro luchador asumiera el rol de La Momia para las peleas, un truco artesanal que mantuvo el misterio.
A lo largo de los años, Figueroa sobrevivió a los vaivenes de la televisión: ciclos que se cancelaban, personajes que mutaban, compañías que desaparecían. Pero él siempre volvía, fiel a su oficio. En 1997, en plena polémica por la identidad de La Momia –cuando Oscar Demelli afirmaba falsamente haber sido el original–, Figueroa mostró su rostro en el programa Paparazzi de Jorge Rial, despejando las dudas y reivindicando su lugar como el verdadero y más duradero intérprete.

Su vínculo con Vélez Sarsfield fue igualmente significativo. El club lo despidió destacando su labor como instructor de pesas y su ejemplo de disciplina en el gimnasio del Polideportivo y en el Marcos Lencina, donde siempre tenía un consejo para quien lo necesitara.
Figueroa siguió activo hasta sus últimos años. En 2019, con casi 70 años, volvió a ponerse las vendas para una función especial, su última aparición como La Momia. También recibió homenajes, como el que le organizaron Kachi Pompeya y Cuadrilátero Catch en 2017, reconociendo no solo al personaje, sino al hombre que dedicó medio siglo a mantener viva una pasión.
Su muerte, confirmada por el club Vélez y por la comunidad de lucha libre, cierra un capítulo fundamental de la cultura popular argentina. Con él se va el último gran eslabón de aquella Titanes en el Ring de cartón, luces y personajes imposibles que marcó la infancia de tantos. Pero su legado perdura en las imágenes de archivo, en los relatos de quienes lo vieron luchar y, sobre todo, en el recuerdo de aquella figura vendada que, sin hablar, decía todo.
Descanse en paz, Juan Manuel Figueroa. La Momia ya descansa, pero su misterio y su arte seguirán vivos en cada rincón donde alguien recuerde aquel programa inolvidable.













