
Otro ajuste, otro país
Javier Milei cumple hoy una semana en el poder, y pareciera que lleva meses allí. La capacidad de desgaste de la crisis acelera los tiempos y muele la paciencia.

Director periodístico.

Javier Milei cumple hoy una semana en el poder, y pareciera que lleva meses allí. La capacidad de desgaste de la crisis acelera los tiempos y muele la paciencia.

Los cuarenta años de la democracia recuperada en 1983 se cumplen hoy con una paradoja: los argentinos acaban de elegir ser gobernados por una fuerza política totalmente ajena a las estructuras que gestionaron el Estado en estas cuatro décadas.

La magnitud del apoyo obtenido por Milei no se podría haber construido sin un corrimiento drástico del sentido de representación de millones de argentinos. El peronismo debería adquirir la capacidad de encontrar adentro, y no afuera, la respuesta al interrogante más elemental sobre el balotaje: ¿Cómo pasó lo que pasó?

El resultado del balotaje está totalmente abierto y ninguno de los candidatos tiene certeza, íntima, de cuál será su suerte esta noche cuando las tendencias del escrutinio queden firmes. Pero lo que sí ya está claro es que el nuevo presidente, sea quien fuere, deberá gobernar un país dividido como nunca antes en estas cuatro décadas de vigencia democrática.

El último capítulo de la campaña que desembocará en el balotaje del próximo domingo no podía estar más a tono con el contexto: lo protagonizan dos candidatos que en condiciones normales no tendrían mayores chances, pero que hoy son finalistas solitarios de la carrera presidencial. Uno basando su discurso en que podríamos estar peor aún que en este presente pauperizado del que es corresponsable, el otro prometiendo un cambio de dimensiones bíblicas sin ninguna experiencia previa de gestión más que la asesoría contable de grupos privados.

La elección de hoy en Resistencia para elegir nuevo intendente y nuevos concejales quedó de alguna manera tapada por la crisis económica y social, por la sucesión de comicios en este año (será en la ciudad la quinta vez en que los vecinos irán a votar y todavía habrá una sexta dentro de dos semanas) y porque el principal centro de atención en el terreno de lo político es la votación que dentro de dos semanas determinará quién será el nuevo presidente: si Sergio Massa o Javier Milei.

No es casual que el próximo presidente vaya a ser el ministro de Economía del 138% de inflación interanual y 40% de pobreza -ambos índices con tendencias crecientes- o el economista que propone dolarizar un país sin dólares y aplicar las leyes del mercado hasta para los trasplantes de órganos. Haber llegado a estas opciones habla de cuál ha sido la calidad del derrotero de la democracia argentina, que en diciembre cumplirá cuarenta años de vigencia ininterrumplida. Son los candidatos que tenemos para la sociedad que somos. Tan bueno o tan malo como eso.

En 2021 la consultora Poliarquía llevó a cabo una encuesta de alcance nacional enmarcada en una investigación regional sobre la percepción ciudadana de las instituciones democráticas en Argentina y Brasil, con la participación de universidades, organizaciones no gubernamentales y agencias de opinión pública. Dos años después de su difusión se puede advertir que los resultados correspondientes a nuestro país anticipaban buena parte del contexto que rodea a las elecciones presidenciales de este domingo. La marca distintiva del estudio, que aporta muchos datos para la reflexión, es la decepción. No únicamente con la clase dirigente, sino también con el sistema democrático en sí.