
Alabe recibió su merecido
En 2018, Carlos Alabe pensó que quizás estaba viviendo las últimas jornadas de su vida. Llevaba varios días en los que cada vez que iba al baño para defecar, se levantaba del inodoro sin mirar hacia abajo y apretaba el botón del agua lo más pronto posible. Era un intento inútil de no ver una realidad que lo estaba atormentando: su cuerpo expulsaba, principalmente, sangre. Y en gran cantidad.







