
El jugador del pueblo
Las muertes de quienes nos han brindado alegría siempre generan emociones que se chocan de frente. Con la partida reciente de Javier Jenefes esa ecuación empírica vuelve a confirmarse.

Director periodístico.

Las muertes de quienes nos han brindado alegría siempre generan emociones que se chocan de frente. Con la partida reciente de Javier Jenefes esa ecuación empírica vuelve a confirmarse.

La pandemia de coronavirus no sólo barrió con todas las previsiones sobre 2020 y expuso de una vez y para siempre la inutilidad fraudulenta de los astrólogos, sino que además fue –y continúa siendo- una herramienta formidable para licuar las responsabilidades de los malos gobernantes sobre las condiciones de vida de sus pueblos. En el presente es muy difícil saber, frente al agravamiento del empobrecimiento social y del derrumbe económico, cuál es la cuota de culpa que le corresponde al coronavirus y cuál a las autoridades de turno.

Aunque los defensores de lo indefendible intenten todo el tiempo que asumamos a la corrupción en la función pública como un mal menor, un pecado blanco de escasa incidencia en el trazo grueso de la historia, un pequeño parásito que a veces anida en el intestino de las revoluciones pero que no les quita brillo, la verdad es simple: robar es robar, y meter la mano en la lata del patrimonio social siempre estará mal .

Los honestos suelen consolarse pensando que quienes se enriquecen robando “no pueden mirar a sus hijos a los ojos”, aunque la realidad es que el corrupto casi nunca se reconoce como tal, ni siquiera en sus pensamientos más privados, y no tendría ningún inconveniente en jugar al hipnotizador con toda su descendencia. El otro mito es el del “ladrón con códigos” que, por ejemplo, jamás perjudicaría a niños o ancianos. Por si hacía falta (y la verdad es que no hacía), para desmentirlo desaparecieron unas 200 toneladas de leche en polvo que el Ministerio de Salud del Chaco debía repartir entre chicos desnutridos. El caso salió a la luz en septiembre de 2018. Las primeras noticias lo presentaron como un monumental saqueo a un depósito de Salud, pero luego fueron lloviendo dudas.

La prensa escrita, cuya aparición en el mundo algunos sitúan en el siglo diecisiete, ha tenido una larguísima evolución desde entonces.

Jugar juegos a los que uno no está habituado puede llevar a descubrir nuevas habilidades propias pero también a frustraciones resonantes.

Nadie discutiría hoy que la figura central de la política argentina es Cristina Fernández. Sus derrotas electorales de 2013, 2015 y 2017, sumadas al cúmulo de causas de corrupción en su contra, no permitían suponerlo. Pero la Argentina no es un país cualquiera.

Los datos sobre pobreza difundidos por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina , en la semana que pasó, podrán estar levemente barnizados por las circunstancias propias de la pandemia pero tienen que ver, en esencia, con las condiciones de fondo que se consolidaron en nuestro país a lo largo de décadas. Y, mal que nos pese, marcan un rotundo fracaso de la democracia nacional restaurada en 1983.