
Cómo el trauma complejo reescribe el cerebro, el cuerpo y las relaciones
Las huellas que no se ven
Hay heridas que no sangran pero que deforman la vida desde sus cimientos. No las que deja un solo acontecimiento terrible, sino las que se instalan con persistencia de goteo constante: años de maltrato, negligencia crónica, abuso repetido en la infancia o el encierro prolongado en un entorno del que no hay escapatoria.






