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El valor cívico del 25 de Mayo

Las conmemoraciones por el 208º aniversario de la Revolución de Mayo encuentran hoy a la sociedad argentina atravesada por confrontaciones entre sectores que representan distintos intereses y por las tensiones que genera el regreso de una crisis económica que golpea con fuerza a la franja más vulnerable de la población. En ese contexto, resulta fundamental reflexionar sobre el valor cívico de esta fecha y sobre la necesidad de retomar el camino del diálogo y los consensos.

Valores como la solidaridad, el respeto, la cooperación y la justicia deben prevalecer en la compleja y atribulada Argentina de hoy, donde las discusiones estériles y las posiciones extremas conspiran contra la unión de los argentinos y el desarrollo armónico de la sociedad. Quienes tienen en sus manos las mayores responsabilidades en la comunidad deben ayudar a fortalecer los cimientos de la Nación, promoviendo las conductas democráticas con el respeto por el otro y el diálogo como bases fundamentales de la vida en la sociedad. Es importante que todos aporten sus talentos para poner de pie a la Argentina, apostando por la construcción de ciudadanía y la inclusión social. El país no puede darse el lujo de tropezar de nuevo con las mismas intolerancias e intransigencias que condujeron a agudas crisis económicas y sociales que no hicieron más que profundizar las diferencias entre los argentinos. La cultura del impedimento y las viejas prácticas de poner palos en las ruedas fueron, y son, dos de los males que cíclicamente aparecen en distintos momentos de la historia del país y que son en gran medida los responsables de empujar a buena parte de la sociedad a vivir en urgencias angustiosas.

Esta nueva conmemoración de la fecha patria que evoca la gesta de 1810 y constituye un trascendental hito histórico en la vida de la Nación, debe servir para pensar, sin fanatismos, como superar las crisis y las situaciones de emergencia; para reflexionar sobre los pasos que debe dar el país para erradicar la pobreza y la exclusión que vuelven a erigirse como una sombra que amenaza a millones de argentinos. En estas horas difíciles para el país y los argentinos serán bienvenidas todas aquellas conciencias lúcidas que aporten propuestas productivas, que vayan más allá de las pertenencias partidarias, superen las mezquindades y dejen atrás las discusiones estériles, para avanzar en la construcción de un país previsible con inclusión social donde todos y cada uno de los argentinos tengan la posibilidad de proyectar su vida a largo plazo, sin temor a perder el trabajo o a no poder garantizar una adecuada educación a sus hijos.

Una comunidad fragmentada y dividida, con discursos que parten muchas veces desde posiciones fundamentalistas, que no aceptan matices en ninguna discusión, solo servirá para profundizar aún más las diferencias y para alejar a la sociedad del objetivo fundamental de construir una patria de hermanos. Cada argentino tiene derecho, por supuesto, a defender sus creencias y su modo de entender el mundo, pero ese derecho debe ser ejercido en un marco de tolerancia por las ideas de los demás, con la convicción de que la libertad de expresión y la pluralidad de pensamiento son dos pilares fundamentales de las sociedades democráticas.

En el umbral del siglo XXI, la historia vuelve a colocar al país ante la oportunidad de superar esta nueva crisis social y económica de la mano de un proyecto de Nación, que debe ser impulsado por el conjunto de la sociedad. Así como en 1810, en los orígenes de esa nación, surgieron en la escena pública figuras como Mariano Moreno, Juan José Castelli o Manuel Belgrano, junto a otras personalidades que comenzaron a esbozar una conciencia nacional, es de esperar que en estos tiempos difíciles se imite el ejemplo cívico de estos patriotas que dejaron como gran legado los ideales emancipadores de mayo.

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