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La inversión más rentable para un futuro sostenible

Del 1 al 7 de agosto, más de 170 países se suman a la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026, una campaña que este año lleva el lema "Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona".

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   La consigna, impulsada por la Alianza Mundial pro Lactancia Materna (WABA) con el respaldo de la OMS y UNICEF, no es un llamado abstracto a la buena voluntad. Es, antes bien, una invitación a mirar los datos, a evaluar el progreso y, sobre todo, a redoblar la apuesta por intervenciones que ya han demostrado su eficacia en términos de nutrición, seguridad alimentaria y reducción de la pobreza.

   La elección del término "sostenible"" no es casual. La lactancia materna es, por definición, un acto de sostenibilidad: no genera empaques, no requiere transporte, no depende de cadenas de suministro vulnerables y está disponible allí donde hay una madre y un bebé. Pero la sostenibilidad a la que alude el lema de 2026 va más allá de lo ecológico. Apunta a la sostenibilidad de los sistemas de salud, de las economías familiares y de las políticas públicas. En un mundo que enfrenta crisis alimentarias, desigualdades crecientes y el costo desmedido de la inacción, amamantar se erige como una de las herramientas más poderosas y subutilizadas para construir un futuro más equitativo.

Lo que funciona, según la evidencia

   El mensaje central de la campaña de este año es contundente: "Las intervenciones están probadas. Los retornos económicos son excepcionales. El desafío restante no es saber qué funciona, sino invertir a una escala suficiente". La evidencia recopilada por la OMS y otras organizaciones internacionales no deja lugar a dudas sobre qué medidas generan un impacto real.

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   La consejería en alimentación del lactante, por ejemplo, logra aumentar la tasa de lactancia materna exclusiva en un 58%. No se trata de un folleto informativo, sino de un acompañamiento cercano, personalizado, que empodera a las madres y les brinda herramientas prácticas para superar los obstáculos cotidianos. En la misma línea, la Iniciativa Hospital Amigo del Niño —que promueve entornos hospitalarios que protegen, fomentan y apoyan la lactancia— eleva un 45% la probabilidad de que un bebé siga recibiendo leche materna de forma exclusiva hasta los seis meses.

   Pero el apoyo no puede limitarse al ámbito sanitario. La licencia de maternidad remunerada es otra de las palancas más efectivas: incrementa en un 52% la lactancia exclusiva. No es difícil entender por qué: una madre que debe reincorporarse al trabajo a las pocas semanas de dar a luz enfrenta una barrera casi insalvable para mantener la lactancia. La evidencia también señala que los entornos laborales que ofrecen espacios y tiempos adecuados para extraer y conservar la leche materna se asocian con tasas significativamente más altas de lactancia exclusiva.

   Las campañas de medios masivos, por su parte, logran un aumento del 17%. Y el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, que regula la publicidad de fórmulas infantiles, marca una diferencia abismal: los países con legislación alineada a este código reportan un 54% de lactancia exclusiva, frente a apenas un 24% en aquellos sin medidas legales al respecto.

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Por qué la inacción es más cara que la inversión

   La Semana Mundial de la Lactancia Materna 2026 no solo celebra los avances, sino que pone el foco en lo que aún falta por hacer. Y lo que falta, en gran medida, es voluntad política y financiera. La lactancia materna es una de las inversiones más rentables que un país puede hacer en su población. Sus beneficios se multiplican en varias direcciones: salva vidas infantiles y maternas, proporciona una nutrición óptima para el desarrollo cognitivo y físico, fortalece el sistema inmunológico de los niños y reduce los costos de atención médica tanto para las familias como para los sistemas de salud públicos.

   Además, la lactancia materna es un poderoso igualador social. Está disponible para todas las familias, independientemente de su nivel de ingreso, y no depende de la infraestructura comercial ni de la logística internacional. En contextos de crisis o de inseguridad alimentaria, amamantar puede marcar la diferencia entre la desnutrición y la supervivencia. Los retornos económicos, tanto para las familias como para las naciones, son excepcionales, y los costos de no actuar —en términos de mortalidad infantil, enfermedades crónicas y pérdida de productividad— son sencillamente inasumibles.

Actividades y compromisos para la semana

   En el marco de esta campaña global, el Colectivo Mundial para la Lactancia Materna ha organizado para el 4 y 5 de agosto un webinario titulado "Fortaleciendo lo que funciona: nueva evidencia para acelerar la inversión en lactancia materna". Durante ese encuentro se presentará un caso de inversión global actualizado, encargado por la OMS y UNICEF y producido por Nutrition International. El objetivo es proveer a los gobiernos y a las organizaciones de datos frescos que justifiquen la asignación de recursos a gran escala.

   Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) celebrará su propio webinario el 7 de agosto, en el que se abordará el tema de 2026 desde la perspectiva de la región de las Américas. Estos espacios buscan no solo informar, sino también anclar la implementación de políticas y directrices a través de la llamada "Cadena de Apoyo Cálido", un modelo que articula a profesionales de la salud, comunidades, familias y lugares de trabajo para garantizar que ninguna madre se quede sin el respaldo que necesita.

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Un compromiso que trasciende la semana

   La Semana Mundial de la Lactancia Materna es, en esencia, una oportunidad para comprometer a individuos y organizaciones en una colaboración más estrecha y para galvanizar acciones basadas en las lecciones aprendidas. No se trata de una conmemoración vacía, sino de un llamado a la acción concreta. Cada uno de los eslabones de la sociedad —gobiernos, empleadores, sistemas de salud, comunidades y familias— tiene un rol que cumplir.

   La pregunta que subyace a la campaña de 2026 es simple pero profunda: si sabemos qué funciona, si contamos con la evidencia y si los retornos económicos y sociales son tan altos, ¿qué estamos esperando para actuar a la escala que el problema demanda? La respuesta, quizás, esté en la voluntad de priorizar la vida y el bienestar por encima de cualquier otra consideración. Y en eso, la lactancia materna no es solo una herramienta: es un símbolo de lo que significa poner lo esencial en el centro de las políticas públicas.

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