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Carta de lectores

El sacerdote, buen pastor

Señor director de NORTE:

El buen pastor Jesús conoce a cada una de sus ovejas. Por tanto, ninguno podrá decir "el Señor no me escucha". Él conoce nuestro corazón y nuestra alma porque él las creó.

Reflexiona el reverendo padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa:

"Queridos hermanos, el buen pastor cuida de sus ovejas, las conoce y ellas lo conocen a él. Y si alguna se pierde, va a buscarla dejando a las demás. ¿Qué sentimientos alberga el buen pastor? Los mismos que el Sagrado Corazón de Jesús, los mismos que Jesucristo, sacerdote y víctima, no pueden separarse, es el mismo amor. El buen pastor es sacerdote y víctima, como Jesucristo sacerdote y víctima es siempre el buen pastor.

Los sentimientos son tres, siempre tres, inseparablemente tres:

- Ardiente sed por la gloria del Padre.

- Deseo apasionado por la salvación de las almas.

- Necesidad irresistible y constante de sacrificio e inmolación.

Estos tres sentimientos has de adornar al corazón del sacerdote de Jesucristo. ¿Busca la gloria del Padre en todos los actos de su vida? ¿Es solícito por la salvación de las almas y por su bienestar? ¿Qué sacrificios hace en unión con Jesucristo inmolado?

Estos son los tres sentimientos que siempre adornaron al buen pastor, siempre la búsqueda de la gloria de su padre, la preocupación por la salvación de las almas y de su bienestar, y el deseo constante de sacrificio, hasta consumarlo en el altar de la cruz.

Estos sentimientos son el compendio de la vida sacerdotal, del sacerdocio del buen pastor, de Jesucristo, sacerdote y víctima. Expresión resumida de la obra de redención del verbo encarnado. El sacerdote ha de abrazar los oprobios y humillaciones para reparar la gloria del padre, como lo hizo nuestro señor.

Ha de reconocer ante Dios su nada y miseria, reconociendo que el bien que pueda hacer es sólo por obra de la gracia divina.

Ha de recibir con alegría los desprecios y ultrajes de los hombres. Ha de compartir bienes materiales, espirituales, intelectuales con los que los necesiten.

Ha de mantener siempre un verdadero espíritu de sacrificio. Ha de dolerse por sus faltas y debilidades.

En el árbol de la cruz el buen pastor culminó su pastoreo, enseñando a sus ovejas el sentido profundo del significado de ser el buen pastor, y qué enseñanza les ha querido dejar para que anden por la senda recta de la salvación.

Estos tres sentimientos quedaron manifiestos en su máximo esplendor y patetismo en el altar de la cruz. La gloria al Padre quedó satisfecha, la salvación de las almas manifestada, el sacrificio quedó culminado.

Mientras los sayones crucificaban a nuestro señor dándole muerte, Él libremente entregaba su vida.

Mientras los verdugos mataban su cuerpo, él lo inmolaba. Mientras los ejecutores estaban ante un cadáver para ellos, Jesucristo inmolado se transformaba en hostia.

Y esta sagrada hostia se prolonga en la santa iglesia, en la sagrada eucaristía, hasta el final de los tiempos.

En ella está la gloria al padre, el alimento celestial para la salvación de las almas, y el santo sacrificio perenne del calvario.

El sacrificio de nuestro señor Jesucristo dio lugar a la sagrada hostia, que permanece en la santa iglesia para la salvación de las almas y gloria de la Santísima Trinidad.

El corazón del sacerdote ha de estar siempre orientado hacia la gloria de Dios por encima de todo, hacia la salvación de las almas y el deseo de sacrificio. Esta es la caridad del corazón del sacerdote, estos son los sentimientos de un buen pastor que sigue al buen pastor.

La alegría sacerdotal nace, vive y se alimenta del altar del sacrificio donde culmina la enseñanza del buen pastor.

Vivir plenamente estos tres sentimientos es vivir plenamente el sacerdocio de Jesucristo, es compartir su sagrado corazón, es alimentarse de él, es palpitar con él. Es querer ser verdaderamente imagen del buen pastor, sacerdote y víctima. Ave María Purísima".

CLARA MARÍA GONZÁLEZ

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