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"El paro docente fue un éxito, pero el conflicto de fondo sigue abierto"

El paro nacional docente convocado para el lunes 3 de agosto tuvo una adhesión masiva en la mayoría de las provincias, pero detrás del rotundo acatamiento se esconde un escenario mucho más complejo: el de una docencia que se siente traicionada por sus propios sindicatos y acorralada por un ajuste que, según denuncian, proviene tanto del gobierno nacional como del provincial.

natalia bello
Profesora Natalia Bello.

   Natalia Bello, profesora de Lengua y Literatura con 20 horas cátedra en la Escuela Secundaria 17 de José C. Paz, es una de las voces que mejor sintetiza ese malestar. Su testimonio se viralizó en las últimas semanas al intervenir en una asamblea escolar para denunciar lo que considera una doble ofensiva: el ajuste de Javier Milei y, al mismo tiempo, el del gobernador Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires. "Así como Milei ajusta en la nación, en la provincia de Buenos Aires Kicillof también ajusta", disparó.

   El balance del paro, según Bello y otros delegados de base, es contundente. En Buenos Aires, Jujuy, Córdoba, Santa Cruz y Tucumán la medida tuvo un seguimiento arrollador. Solo en Santa Fe y Salta fue más débil. Pero lo que más preocupa a los docentes no es el número de escuelas cerradas, sino la oferta salarial que motivó la protesta. El gobierno provincial ofreció un 7% en dos tramos que, sumado a meses sin aumentos, representa apenas un 1,5% real. Mientras tanto, los salarios actuales rondan entre 650.000 y 800.000 pesos, y las bases exigen un piso de 2,5 millones por cargo para cubrir la canasta familiar.

   La crisis, sin embargo, trasciende lo económico. En José C. Paz, donde Bello ejerce, el 80% de las escuelas secundarias funcionan en edificios de primarias, lo que genera hacinamiento y constantes interrupciones. Las obras prometidas quedan a medio hacer: empresas licitan, cobran y abandonan, y los alumnos terminan "rotando" por falta de aulas durante años. A eso se suma el vaciamiento de la obra social IOMA, donde los docentes enfrentan dificultades extremas para conseguir medicamentos como insulina, obligados a pagar copagos elevados o a rastrearlos por su cuenta.

   Pero el encono más profundo de Bello y otros docentes autoconvocados se dirige contra la conducción "Celeste" de SUTEBA, a la que acusan de desmovilizar a los trabajadores para no afectar la campaña electoral de Kicillof. Las asambleas se convocan con apenas horas de antelación, violando el estatuto, y la estrategia gremial se percibe como un intento de domesticar la bronca de las bases. "El docente en la calle puede dar vuelta esta situación de ajuste", insiste Bello, reclamando plenarios de delegados por fuera de las cúpulas burocráticas.

   El gobierno nacional, por su parte, ensayó una estrategia de intimidación. Declaró la educación como "servicio esencial" y exigió una guardia mínima del 75%, con inspecciones y amenazas de multas y descuentos. Pero el operativo fracasó frente a la marea de docentes que eligió la calle. El paro fue un éxito, pero el conflicto de fondo persiste. Los docentes no se sienten derrotados, sino reorganizándose. Y advierten que, mientras las ofertas salariales sigan siendo miserables y la infraestructura escolar se desmorone, el plan de lucha continuará. La próxima semana, el desafío será mantener la unidad sin el paraguas de las conducciones tradicionales. La docencia busca un rumbo propio, y ese camino, por ahora, no tiene vuelta atrás.

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