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Las torpezas de Milei también juegan en la carrera del Chaco

El desenlace del tratamiento en el Senado del proyecto libertario sobre propiedad privada, más la sumatoria de expresiones controversiales de actores importantes del gobierno sobre diversos temas, confirmó hasta qué niveles llega la capacidad mileísta de autoinfligirse daños mediante groseros errores no forzados. El equipo del presidente se ocupa del combo completo: de las labores propias de un oficialismo y también de aquellas que deberían estar a cargo de la oposición. La extraña habilidad de caminar sin dejar de hacerse zancadillas. Desde poner en duda que a la gente el salario no le alcanza para sus gastos más básicos hasta decir que el endeudamiento familiar masivo generado por ese empobrecimiento de ingresos, aprovechado por los bancos para montar una carnicería de refinanciaciones usuarias, es "un problema entre privados", sin dejar afuera la joya del canciller Pablo Quirno, quien en medio del debate por la ley de tierras afirmó que cualquier extranjero debería tener el derecho a "comprar un pueblo o una provincia entera".

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Es un rasgo para nada nuevo. Todo el primer tramo de la gestión ya había mostrado esas cualidades, aunque es posible que el transcurso del tiempo las haya acentuado. Si no lo hizo, de todos modos, es una disfunción que erosiona más que antes el crédito de Milei y su gente, porque la paciencia social redujo su tamaño notablemente y cada nueva torpeza se paga más cara que las anteriores.

La información disponible sobre la manera en que se viven esos episodios puertas adentro del poder y el análisis de las pocas declaraciones públicas autocríticas de referentes libertarios, generan la idea de que hay al menos un sector del poder actual que es consciente de cuánto se está complicando la marcha hacia 2027. Pero hasta ahora la realidad viene indicando que al presidente y su círculo próximo la situación no les parece inquietante.

Quienes sí se agarran la cabeza ante cada gol en contra de los violetas son los aliados de la Casa Rosada, y principalmente los gobernadores alineados con el presidente. Entre ellos, claro, Leandro Zdero. Gran parte de su suerte para 2027 está atada a las condiciones en que Milei llegue a la gran batalla del año que viene.

¿Sin platita?

Posiblemente, la preocupación mayor de los aliados no es la afición por meter la pata que tienen los libertarios, sino la sospecha cada vez más intensa de que ese vicio incluirá, de aquí a las elecciones, una negativa tenaz a aceitar la campaña con medidas gubernamentales que mejoren el humor social.

Hace un par de semanas, una figura de la primera línea del gobierno provincial se mostraba muy optimista sobre 2027. Por un lado, por la incertidumbre peronista acerca de cómo se dirimirá su interna, y por otro porque los radicales chaqueños daban por descontado que la era del ajuste sin anestesia culminará hacia finales de este año o a más tardar en el verano próximo, para dar lugar a una sucesión de políticas dirigidas a resucitar el consumo popular, desparramar obra pública y oxigenar las cajas de las gobernaciones. Es lo que haría cualquier presidente a meses de jugarse una reelección. Un "plan platita" como el de Sergio Massa en 2023, en todo caso menos burdo, pero igualmente eficaz en cuanto al objetivo de hacerle sentir al argentino promedio que realmente "lo peor ya pasó" y que las trepanaciones con motosierra cesan y le dejan espacio a un tiempo nuevo, de recuperación del salario, generación de empleo y reactivación general real de la economía.

Los últimos acontecimientos ya hacen dudar seriamente acerca de que tal giro vaya a concretarse. Milei, parece, percibe que puede ganar una elección más prometiendo… ser Alemania en 35 años. La única buena noticia podría ser que en 2027 ya faltarán solamente 31.

Combo negro

Por supuesto que es, de momento, todo teoría y especulaciones. Desde el sentido común, cuesta pensar que el presidente y sus consejeros más escuchados no sean conscientes de lo que las encuestas de las consultoras más confiables vienen mostrando: que la imagen negativa de Milei y su gestión supera ampliamente a la positiva (en una relación que va acomodándose a una fracción 35/65), que más de la mitad de la población considera que el año que viene su situación personal será peor que la actual (invirtiendo lo que los sondeos registraban durante 2025) y que también es mayoritaria la sensación de que el gobierno no se está ocupando de los problemas de los hogares sino de cuestiones macro o sectoriales que no mueven la aguja de las necesidades familiares. Pensar que de ese combo puede salir una victoria es casi suponer que de mezclar barro y pan rallado se puede obtener una chocotorta.

Pero así como la gran expectativa del peronismo es que Milei siga consumiendo su crédito en su idea de que el mercado lo resolverá todo, imitando a aquellos que sostienen que la mejor manera de enseñarle a nadar a alguien es arrojarlo sin salvavidas en medio del río, la del mileísmo parece ser que las fisuras del PJ y el rechazo social a un regreso del kirchnerismo harán gran parte de la tarea para la reelección, y que al resto lo completarán los datos sobre inversiones, caída de la inflación, equilibrio fiscal, balanza comercial ultrapositiva y reducción de los índices de pobreza. Sin embargo, algunas encuestas muestran algo novedoso: cada vez más argentinos creen necesario un recambio en el gobierno y en el rumbo. El mayor capital que tenía el mileísmo, la esperanza de que el sufrimiento del presente valdrá la pena en el futuro, baja a mínimos no registrados hasta aquí.

Opciones improbables

La conclusión es que, en gran medida, la pelea central de 2027 se definirá entre la capacidad de Milei de revisar su conexión con la realidad que viven sus gobernados y la del peronismo de despegarse de la era del saqueo kirchnerista y proponer algo realmente nuevo. Las dos cosas parecen de muy difícil concreción.

Mientras tanto, Zdero intenta maximizar todo aquello que él pueda generar a nivel local para que la próxima elección de gobernador no se nacionalice en exceso, en caso de que para entonces las condiciones de lo económico y lo social sigan en el país sin mayores variantes. La receta que viene aplicando, con mayor énfasis desde finales del año pasado, es meter mano en su equipo para levantar áreas flojas, consolidar el frente interno a fin de que el paragolpes partidario funcione, acentuar las recorridas territoriales y la sensación de proximidad, cohesionar el discurso "antipasado" y afinar la muñeca en las negociaciones políticas con el gobierno nacional para mejorar la capacidad financiera provincial de brindar respuestas en dos asuntos determinantes para lo electoral: política salarial estatal y obra pública.

Enfrente, el peronismo trata de pegar en las mataduras de la gestión radical, buscando poner en foco la pérdida de poder adquisitivo de los empleados públicos (especialmente en el último año y medio) y el peso de las tarifas de los servicios públicos en el vía crucis de cada familia rumbo al fin de mes. Pero en cuanto a las definiciones de cara a 2027, el justicialismo está con el freno de mano activado.

Aunque la "cumbre de Plaza" entre Capitanich y siete referentes internos, en mayo, iba a servir, en teoría, para abrir la carrera entre los aspirantes a la candidatura partidaria a la gobernación, prácticamente nadie está realmente con su coche subido a la pista. "Como nadie sabe si competir va a tener sentido o si a último momento Capitanich les va a decir que ninguno mide bien y entonces él va a quedarse con la candidatura, nadie juega a fondo", analizaba la semana pasada un observador del mapa pejotista.

En ese "no jugar a fondo" hay un tema nada menor: nadie quiere quemar los cientos de millones de pesos que se consumen en una campaña interna de esa magnitud para encontrarse luego con que la competencia era "de mentirita". Entonces, de aquellos siete, prácticamente todos circulan con la palanca de cambios en tercera o simplemente matean en boxes. Por ahora, es algo que juega a favor de las necesidades de Zdero. No significa que vaya a ser suficiente ni que el peronismo no tenga chances de resolver sus dilemas mediante un camino superador. Es solo una parte del escenario del hoy, para nada vinculante con lo que veremos después.

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