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Fuerte caída de Trump en las encuestas

EEUU llega a los u$s 40 billones de deuda externa, familias caen en la morosidad y el salario real se desvanece

Deuda gemela: el récord de endeudamiento público coincide con el colapso del ahorro familiar y un repunte de los impagos que no se veía desde 2008. Una tormenta perfecta que amenaza la economía real y el liderazgo político de Trump.

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   EEUU acaba de atravesar una barrera simbólica y preocupante: su deuda nacional bruta superó por primera vez los 40 billones de dólares (el PBI estadounidense es de unos u$S 25 billones, mientras que el PBI mundial es de unos u$s 100 billones). Pero mientras Washington enciende las alarmas fiscales, millones de hogares estadounidenses atraviesan su propia crisis silenciosa en la trinchera de la economía doméstica. Endeudamiento público y privado avanzan en paralelo, alimentando un círculo vicioso donde la pérdida de poder adquisitivo del salario se ha convertido en el eslabón más frágil de la cadena.

El espejismo del orden fiscal

   El presidente Donald Trump prometió restablecer el orden fiscal y reducir el abultado pasivo heredado. Sin embargo, sus principales iniciativas para recortar el gasto y aumentar los ingresos nunca terminaron de materializarse. Por el contrario, el desembolso en la guerra contra Irán, los drásticos recortes de impuestos aprobados en 2025 y la devolución de aranceles dispararon el déficit.

   Solo en el ejercicio actual, el Tesoro estadounidense está en camino de endeudarse por otros u$s 2 billones de dólares adicionales para hacer frente a sus obligaciones. Lo más alarmante, según advierte Marc Goldwein, director sénior del Comité para un Presupuesto Federal Responsable, es que "estamos empezando a ver el inicio de la espiral de deuda": los elevados pagos de intereses a los inversores representan ya cerca de la mitad del déficit anual, hipotecando el futuro fiscal del país.

Contagio a las familias: salarios que no alcanzan

   El desorden macro tiene un precio directo en el bolsillo de los ciudadanos. Para contener la inflación —alimentada en parte por el propio gasto público—, la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés en niveles máximos durante gran parte del último año. Esa política, necesaria para enfriar la economía, encareció brutalmente el crédito al consumo.

   El resultado es demoledor. Los salarios nominales, aunque han subido en algunos sectores, no logran compensar la inflación acumulada, lo que se traduce en una caída sostenida del salario real. Las familias de ingresos medios y bajos, que ya venían agotando los ahorros acumulados durante la pandemia, se han visto forzadas a recurrir masivamente a las tarjetas de crédito y a los préstamos automotrices para cubrir sus necesidades básicas.

Morosidad en niveles de 2008

   Los informes recientes de The New York Times y el Financial Times dibujan un panorama sombrío. Las tasas de morosidad grave —pagos atrasados por más de 90 días— en tarjetas de crédito y préstamos para vehículos han superado ampliamente los niveles prepandémicos, acercándose peligrosamente a los máximos registrados durante la crisis financiera de 2008.

   El Financial Times subraya que el consumidor de bajos ingresos está bajo una presión extrema. Los grandes bancos minoristas de Wall Street ya han comenzado a incrementar de forma sustancial sus reservas para provisionar posibles pérdidas crediticias y préstamos incobrables (los llamados charge-offs). Este comportamiento defensivo del sector financiero anticipa un enfriamiento del consumo masivo, que es el motor principal del Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense.

El círculo vicioso que lo conecta todo

   El panorama configura un mecanismo perverso:

  1. El Estado se endeuda sin control, lo que mantiene la presión inflacionaria y obliga a la Fed a mantener tipos altos.
  2. Esos tipos altos encarecen el crédito y el costo de financiación de las familias.
  3. Los hogares, con salarios reales a la baja, se sobreendeudan para sostener su nivel de vida.
  4. El sobreendeudamiento deriva en impagos masivos, que frenan el consumo y desaceleran la economía.
  5. La desaceleración reduce la recaudación fiscal, ahondando aún más el déficit público.

   Es la trampa de la deuda en estado puro: el agujero fiscal del Estado y el agujero financiero de las familias se alimentan mutuamente, mientras el salario real se erosiona como variable de ajuste.

Costo político: Trump y las encuestas

   Esta tormenta perfecta ya comienza a cobrar factura en el tablero político. Los sondeos del New York Times junto al Instituto Siena College muestran una caída sustancial en la aprobación del mandatario, con cifras que oscilan entre el 36% y el 40%. Una parte significativa de los encuestados —especialmente los votantes independientes, que tradicionalmente daban a los republicanos una ventaja en la gestión económica— considera que la situación general del país o su economía familiar no ha mejorado.

   La percepción de que el costo de vida sigue siendo asfixiante ha erosionado la confianza. El propio Trump ha salido al cruce de estas mediciones, calificándolas de imprecisas y sesgadas, pero los datos de morosidad y caída del salario real son fríos y objetivos.

Un futuro incierto

   EEUU sigue siendo la mayor economía del mundo, y el dólar mantiene su estatus de moneda de reserva, pero los cimientos se están agrietando. Si los inversores comienzan a exigir tipos de interés más altos para comprar bonos estadounidenses ante el temor a una insolvencia futura, la espiral de la deuda se acelerará.

  Mientras tanto, en la economía real, las familias no esperan teorías macroeconómicas: enfrentan facturas que no pueden pagar, tarjetas de crédito al límite y un salario que cada mes rinde un poco menos. El récord de los 40 billones no es solo un número en los libros del Tesoro; es la pesada losa que, de tanto empujar hacia abajo, terminará aplastando el bolsillo de los estadounidenses de a pie.

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