El guionista clandestino que embarraba el piso encerado
Por Miguel Rep - Tenía en mis manos un hermoso original de ‘Ticonderoga‘, Pero no podía leerlo. Prefería hacerlo con las filminas. Era una por cada página, y las tenía que trabajar con luz abajo. Con esa transparencia previa a la impresión, para mí, era más fácil seguir la lectura. Los originales de Pratt eran para quedarse cuadro por cuadro, con esas bellísimas aguadas de tinta, y encima páginas enormes. Encima estaban todas recortadas y pegadas con cemento de Villalba, por algún rearmado que había sufrido en el camino. Cuando llegaron a la Editorial Record, se mandaron a hacer las películas, reducidas al tamaño de la revista que las iba a publicar, Pif Paf.