ResistenciaMin. 6° • Max. 17°

Pensar la educación

Uno de los mayores desafíos que enfrenta el sistema educativo argentino es la necesidad de superar las enormes desigualdades sociales que se acentuaron en los últimos años y que hicieron retroceder al país en materia de inclusión. Pero debido a los difíciles problemas económicos y sociales que enfrenta la sociedad, la sola incorporación masiva de niños, adolescentes y jóvenes a las aulas no será suficiente.

 Habrá que pensar nuevas estrategias que respeten las particularidades de cada región del amplio territorio nacional. Las expectativas que genera el próximo gobierno nacional que, más allá del resultado que arrojen las urnas el próximo 27 de este mes, han impulsado a distintos sectores a elaborar propuestas para las distintas áreas.

En materia educativa, merece destacarse el encuentro que tuvo lugar hace pocos días en la ciudad de Buenos Aires para proponer políticas educativas de largo plazo y que contó con la presencia de ministros de Educación de trece provincias y de más de un centenar de referentes de la educación de todo el país, que elaboraron un documento con propuestas para las próximas autoridades que tendrán que conducir los destinos de la Argentina a partir de diciembre.

En el debate se planteó, en primer lugar, la necesidad de transformar el sistema educativo, para convertirlo un sistema federal que tenga el impulso suficiente para aportar a la construcción de una sociedad más justa. Merece destacarse lo expresado por la pedagoga Adriana Puiggrós en el cierre del encuentro, cuando insistió con la importancia que tiene la decisión de que el Estado nacional recupere sus responsabilidad sobre las políticas educativas, que se garantice el cumplimiento de las distintas normativas vigentes y que se aseguren condiciones laborales dignas para los docentes.

Como bien señala el especialista en educación, Emilio Tente Fanfani, en su libro “La escuela y la cuestión social”, el sistema educativo constituye un elemento fundamental para construir una sociedad más justa e integrada; pero para avanzar hacia esa ambiciosa meta es necesario establecer vínculos entre la política educativa, las políticas económicas (productivas y distributivas) y sociales (redistributivas).

Hay que tener en cuenta que la escuela actual enfrente problemas y desafíos que, obviamente, son muy diferentes a los que tenía hace treinta o cuarenta años atrás. El impacto de las nuevas tecnologías, por citar solo uno de los factores que impactan en las aulas de estos días, obligan a pensar nuevas estrategias educativas.

La alfabetización digital o la incorporación de materias como programación y robótica en los planes de estudios, son algunas de las innovaciones que, de cara al futuro, se plantean como necesarias en el aula; sin olvidar que en forma paralela la escuela también tiene la urgencia de ser cada vez más inclusiva, con procesos de enseñanza aprendizaje que garanticen una educación de calidad para todos los alumnos.

Se trata, claro, de una tarea que demandará tiempo y enormes esfuerzos porque, lamentablemente, hoy la mitad de los niños argentinos viven en la pobreza, por lo que muchos de ellos ven al establecimiento educativo más como un lugar donde funciona un comedor que como un espacio para ir a aprender.

Pero eso no es todo, la dramática situación social de muchas familias hace que no puedan mandar a sus hijos al jardín. Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Pedagógica Nacional -UNIPE-, institución que organizó el encuentro que reunió la semana pasada a especialistas y ministros de educación de trece provincias-, en el nivel inicial, el porcentaje de niños que transitan los años obligatorios (es decir, 4 y 5 años) está por debajo del 70 por ciento en los estratos sociales vulnerables o crítico; mientras que en las familias de clase media alta y media, supera el 90 por ciento.

Por otra parte, un informe de Unicef Argentina demostró el impacto que tiene el deterioro de la situación económica en los niños, niñas y adolescentes de las familias más pobres. En ese sentido, advierte sobre situaciones de abandono escolar, específicamente en las transiciones del nivel primario al secundario, y señala que uno de los motivos es que “las adolescentes asumen responsabilidades de cuidado de hermanos e hijos, y acompañamiento a adultos mayores”, mientras que en los varones el abandono se da por “la incorporación al mercado de trabajo”.

Esta lamentable realidad confirma la necesidad de recuperar el rol de la educación como factor de inclusión, devolviendo al Estado la responsabilidad central en esa tarea.

Temas en esta nota

Más de educación+ Ver todas
Te puede interesar