El negocio tóxico de las "frazadas" petroleras
Cómo Vaca Muerta convirtió una solución ambiental en un problema monumental.



En la inmensidad de la estepa neuquina, entre ductos y torres de perforación, un residuo industrial se convirtió en el símbolo más controvertido de la paradoja ambiental de Vaca Muerta. Son las "frazadas" o mantas absorbentes: enormes rollos de material sintético que durante más de una década fueron obligatorios en las locaciones petroleras para contener derrames de hidrocarburos. Pero lo que nació como una medida para proteger el suelo terminó generando un negocio millonario, un colapso en el tratamiento de residuos y un rastro de contaminación que todavía no encuentra solución.
Las mantas oleofílicas se despliegan en el piso alrededor de los pozos y equipos de perforación. Su función es absorber los fluidos que inevitablemente se derraman durante las maniobras, evitando que el petróleo crudo o los químicos toquen directamente la tierra. La normativa de la provincia de Neuquén las hizo obligatorias, y eso creó un mercado cautivo que benefició a empresas proveedoras específicas, algunas de las cuales facturaron decenas de millones de dólares vendiendo este insumo a operadoras como YPF. Pero la solución, vista con lupa, escondía un problema mayor.
Una vez que la manta se satura de petróleo, se convierte en un residuo sólido peligroso de difícil tratamiento. Extraer el fluido de su interior es prácticamente imposible, y lo que antes era un derrame líquido que podía bombearse y recuperarse, se transforma en toneladas de basura tóxica que deben ser transportadas y procesadas. El acumulado de estas mantas empetroladas aumenta el riesgo de incendios en las locaciones y genera emisiones de CO₂ por el traslado de camiones cargados de residuos hacia plantas de tratamiento.
Pero el punto más crítico de esta historia es el destino final de las frazadas usadas. La ley exige que sean tratadas en plantas especiales o incineradas en hornos de alta temperatura. Sin embargo, durante años, vecinos de localidades como Cutral Co, Plaza Huincul y Centenario denunciaron el descarte ilegal de miles de mantas en predios fiscales y terrenos privados. Los residuos aparecían apilados en basurales a cielo abierto, enterrados en la estepa o quemados al aire libre, liberando humos tóxicos y olores nauseabundos que afectaban a las poblaciones cercanas.
La situación llegó a tal punto que, a finales de 2024, la Secretaría de Ambiente de Neuquén derogó las resoluciones que obligaban al uso de estas mantas. La medida, impulsada por las cámaras empresariales del sector, argumentaba que la obligatoriedad encarecía los costos y afectaba la competitividad. En su reemplazo, las empresas pueden optar por bandejas colectoras o biomantas. Pero el Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa se opuso firmemente a la desregulación. Su advertencia fue escalofriante: eliminar la manta habilita a las empresas a volver a la vieja práctica de "tapar los derrames con tierra" para ocultarlos y no reportarlos a las autoridades. Los informes de campo posteriores a la flexibilización ya revelaron un incremento en los derrames no contenidos y evidenciaron que los métodos alternativos, como las bandejas, suelen ser ineficaces o se desbordan, dejando que el crudo vuelva a impactar directamente en el suelo.
El caso de las frazadas es solo un síntoma de una crisis sistémica en Vaca Muerta. La región registra un promedio de 5,6 incidentes ambientales por día: derrames de crudo, fugas de químicos y roturas de cañerías. La falta de infraestructura suficiente para tratar esta basura ha colapsado a las plantas tratadoras locales, derivando en la creación de gigantescos basureros petroleros a cielo abierto donde se acumulan lodos tóxicos, tierra contaminada y residuos industriales. Todo esto, a menudo, con la tolerancia del Estado como un "daño colateral" del desarrollo económico.
La pregunta que queda flotando en el aire de la estepa es incómoda: ¿cuánto vale realmente el petróleo que se extrae de Vaca Muerta si el costo ambiental se paga en tierra, agua y salud de los vecinos? Mientras las empresas celebran la desregulación como un alivio para sus costos, los basurales petroleros crecen y la memoria de las frazadas contaminadas sigue enterrada bajo la tierra neuquina, esperando que alguien decida mirar de frente el legado tóxico de la mayor reserva de hidrocarburos del país.
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