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Carta de lectores

La deuda con los jubilados y la crisis de conciencia del sector del radicalismo

Señor director de NORTE:

La Unión Cívica Radical no gobierna con Milei, pero buena parte de su dirigencia se convirtió en socia necesaria del oficialismo.

Son los votos legislativos los indispensables para aprobar reformas y quitar derechos, sin importar a quiénes perjudican.

Al mismo tiempo, intentan mostrarse como una "oposición constructiva", buscando ser alternativa electoral de cara a 2027, dispuestos mediante alianzas de conveniencias.

En 1995, el doctor Raúl Alfonsín dejó un mensaje a la militancia radical que, más allá del tiempo, sigue golpeando la conciencia y que cualquier radical auténtico debería hacer propio.

Dijo entonces: "Un tema que nos duele en lo más profundo de nuestra conciencia es el de los jubilados, porque allí, en esos hombres y mujeres que trabajaron toda una vida para forjar esta patria, se expresa la dignidad del esfuerzo, la memoria del sacrificio y la deuda moral que el Estado tiene con ellos".

Esas palabras no solo mantienen vigencia, interpelan a toda la dirigencia política y, muy especialmente, a la radical.

Porque mientras los discursos se multiplican y las promesas se reciclan, los jubilados siguen condenados a la humillación cotidiana de haberes que no alcanzan, remedios inaccesibles, endeudamiento para subsistir y la dolorosa certeza de que el país por el que trabajaron no los reconoce.

Hoy, buena parte de la dirigencia radical, por estar asociada al modelo presidencial, guarda silencio, quizás para no interferir con el poder central, pasando por alto las necesidades de los adultos mayores vulnerados, que muchos de ellos "son radicales también".

Desde el Radicalismo Auténtico decimos basta. No aceptamos que la vejez —que debería ser el tiempo del reconocimiento— se convierta en la etapa del abandono. Creemos que, de cada garganta radical, de cada militante que lleva en la sangre la tradición de un partido que durante más de 130 años defendió a los más vulnerables, debe brotar con fuerza el reclamo: basta de maltrato a nuestros mayores.

Ninguna nación puede construirse sobre las espaldas aplastadas de sus progenitores.

Ninguna democracia es plena si da la espalda a quienes con su trabajo aportaron al país.

El radicalismo no puede mirar para otro lado cuando la deuda moral con los jubilados sigue siendo el mayor fracaso colectivo del Estado argentino.

Por ello, siempre es oportuno manifestar que el radicalismo no es oportunismo, no es servilismo al poder de turno, no es maquillaje electoral.

El radicalismo verdadero es: lucha por la dignidad, defensa de la República y, sobre todo, compromiso con quienes más lo necesitan.

La hora de alzar la voz es ahora. Porque si no somos capaces de garantizar respeto y dignidad a nuestros jubilados, debemos preguntarnos qué sociedad estamos construyendo.

La respuesta, como siempre, está en nuestras manos, en nuestra militancia y en nuestra voz.

FERNANDO BROLESE

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